No hay camino en la vida que no tenga dificultades y tropiezos. Es lo normal y forma parte del aprendizaje básico para crecer y madurar, aprovechando constructivamente el tiempo que pasamos en este mundo.
Si te has propuesto logros personales, profesionales, relacionales, o metas de otro tipo, ten siempre presente que el fracaso resulta aleccionador. Grandes personas de la historia, que hicieron avanzar el mundo, aprendieron una y otra vez de sus errores, sabiendo que equivocarse forma parte de la vida y que, además, la construye.
Decía Albert Einstein que quien nunca cometió un error jamás intentó algo nuevo. Ralph Nader asegura que tu maestro es la última equivocación que tuviste y Skinner, investigador incansable de la mejor Psicología experimental, que sabía mucho de aprendizaje por "ensayo y error", decía por experiencia que ... el verdadero error es dejar de intentarlo.
Sí, cada yerro conlleva una clave de éxito y enseña cosas muy valiosas.
Así, si tropiezas y caes, por debilidad propia o por circunstancias de la vida, no pasa nada, nunca pierdas la ilusión ni la alegría por retomar el camino, mantenerlo con constancia y lograr tus metas.
Y si tropiezas siempre en la misma piedra, no te desanimes, tampoco pasa nada. Trabajarás el autoconocimiento y el realismo (una percepción correcta y objetiva de la realidad). A continuación, entrenarás la perseverancia, esa gran virtud que, junto con la paciencia, suponen la clave escondida, el soporte silencioso del triunfo mejor logrado. Añade a ello motivación, alegría, entusiasmo, gratitud, esperanza.
Y otro pequeño secreto para no caer en el cansancio, la amargura o el estrés, cuando todo tarda mucho y se hace dificultoso, largo y pesado alcanzar tus objetivos: disfruta del camino.
