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jueves, 29 de abril de 2021

CONOCER LA LIBERTAD

 


 La libertad es un constructo difícil de definir.  Sabemos que  puede leerse desde diversas perspectivas,  aparentemente contradictorias,  pero que confluyen conjuntamente hacia la  autenticidad  del Ser.

Podemos pensar en la libertad exterior la cual,  nos guste o no,  estará siempre condicionada por la convivencia en sociedad.   Suele regularse por leyes sociales y de educación, que procuran justicia y derechos para todos. 

Pero podemos pensar también en la libertad interior, esa que nadie puede acotar salvo la propia mente,  que puede convertirse en nuestro principal dictador.   Los pensamientos incontrolados nos esclavizan.  La libertad supondría distanciarse de ellos, junto a las emociones que suscitan,  para que una mente razonable, objetiva y serena fuera quien tomara las decisiones.  

La mente  se alimenta a veces del parecer y opiniones de los demás,  del monopolio de las ideologías o de la presión de modas o poderosos.   La verdadera libertad exonera de todo ello,  la conciencia vuela libre y decide,  entre toda posibilidad,  lo que más le conviene en cada momento. No debemos ceder a otros el poder sobre nosotros mismos.  Esta libertad  conecta con el Ser y es la que más felices nos puede hacer:  existe un espacio profundo en nosotros mismos contra el cual no puede atentar ninguna fuerza, dominación, imposición o circunstancia adversa  exterior.   Es nuestro reino personal, nuestra fortaleza blindada, llena de paz, luz y confianza,  verdadero refugio cuando exteriormente no vislumbramos la salida.  

Ser dueños de nosotros mismos, de nuestros estados anímicos,  es un privilegio que vale la pena  conseguir, porque cambia la vida y nos hace experimentar una libertad auténtica.  Esto significa tener la capacidad de elegir lo que sentimos en cada circunstancia de la vida.  De no dejarnos atrapar por  pensamientos que generan en nosotros  emociones  negativas (a veces no los podemos ahuyentar,  pero sí podemos elegir no hacerles caso).  Y por otro lado, la elección (decisión) consciente de cultivar y entrenar  pensamientos positivos y esperanzados que, sin dejar de ser realistas,  ayudan a vivir la vida de manera constructiva y gratificante.

La libertad debe asumir también la posibilidad de equivocarse.  La vida y las decisiones que se van  tomando  conllevan, habitualmente, un cierto riesgo del que hay que ser conscientes; hay que saber aceptar toda posible consecuencia y crecer a través de ello.  Es la valentía de ser libre,  con sus costes y beneficios.  Saber que podemos fallar,  pero volveremos a intentarlo.  

 La responsabilidad ha de ir, no obstante,  por delante de toda libertad, de manera razonable.  A menudo,  renunciamos a ciertas cosas que apetecen,  porque otras nos parecen, éticamente, más importantes. Sin embargo,  esta capacidad también necesita libertad,  la libertad de renunciar a nosotros mismos,  nuestras apetencias,  cuando no convienen a nosotros mismos o a otros.  

 De aquí que también se diga:  mi libertad acaba donde empiezan la libertad, derecho y dignidad de los demás. 




jueves, 30 de julio de 2020

MIEDO AL AMOR



Si tras alguna experiencia de amor quedaste herido, puede ser que  lo temas.  Que en el fondo desconfíes y te dé miedo el compromiso, la implicación,  la posible falta de reciprocidad,  el "dar más de la cuenta" sin seguridad plena por la otra parte. 
 Pero el temor aquí supone una emoción desviada,  que impide desplegar el amor, profundizarlo y conocerlo de cerca.  Para que fructifique hay que amar el amor,  confiar en él.  Vale la pena el riesgo, aprenderás mucho (del ser humano, de la vida) y crecerás como persona.  
Hablamos de todo amor:  pareja, amistad, filiación, fraternidad, caridad...

En el amor de pareja puede ocurrir también que,  sin ir suficientemente a fondo, confundamos enamoramiento con amor:
El amor pide salir de uno mismo  y el enamoramiento  facilita  e impulsa esta salida de sí  hacia el otro amado.   Si el movimiento es correcto, la persona, sin proponérselo expresamente, aprende a dar lo mejor de sí.    El que se siente amado, si le complace,  se mostrará receptivo para recibir el amor y saldrá de sí para amar a su vez.   
Aprenderán ambos a ampliar la propia perspectiva con la perspectiva del otro,  creciendo y enriqueciéndose mutuamente.
Pero el enamoramiento no es amor.   

El amor real,  ese que  que se hace sólido y que dura en las parejas, será justamente lo que queda tras el enamoramiento primero, y se asienta en la confianza, el  respeto mutuo, aprecio y valoración;  la mutua comprensión,  diálogo,  empatía,  cercanía emocional,  cariño, bienestar junto al otro,  actividades compartidas. 

Si alguna salida de sí hacia otro no fue bien y no halló respuesta justa, el corazón podría replegarse  para no resultar herido de nuevo.
Pero la experiencia de amar y  sentirse amado resulta indispensable para el ser humano,  su desarrollo,  maduración,  su realización personal.    Y su importancia comienza desde su primer respirar en este mundo al nacer,  la aceptación o rechazo de sus progenitores o entorno más cercano,  el amor recibido en primera infancia.   Quien sufre carencia en etapas iniciales, tan vitales, fácilmente tendrá problemas, en su vida adulta, de seguridad en sí mismo, confianza en los demás, relaciones interpersonales y de pareja.    

El amor en el ser humano y sus sociedades es el cementante básico que nos mantiene unidos, cercanos, solidarios: sostiene estructuras familiares, grupos de afinidad profunda, solidaridad y, obviamente, parejas que buscan discernir juntos el futuro de sus vidas.  

Resulta fácil hablar de amor, pero difícil vivirlo con responsabilidad, fidelidad y  compromiso.   Y quien lo consigue es grande,  porque se  sitúa en ese amor sustancial que está mucho más allá del sentimiento y se acerca a la intuición; está más allá del sentir, pero se alimenta de gestos cotidianos con naturalidad perseverante.  Supone por ello, más bien, un acto convencido de libertad:  quiero amar,  como actitud generalizada en la vida.  

 Esta clase de amor convierte en oro todo lo que toca.  

                                                                      

lunes, 18 de mayo de 2020

MADUREZ PERSONAL


«Madurez es lo que alcanzo cuando ya no tengo necesidad de juzgar ni culpar a nada ni a nadie de lo que me sucede» Anthony de Mello
La madurez personal es un reto para la persona humana.
No todos se dan cuenta de su importancia, porque eso de  "madurez" parece asociarse a echarse años encima y acabar viejunos antes de tiempo.
Pero no es tal.  Se conocen   niños o jóvenes  equilibrados,  sensatos,  "maduros" para su edad, que pueden llamar la atención,  porque es un talento,  tan escaso a veces,  que puede sorprender.  Por otro lado,  existen adultos cuya inmadurez  muere solo con ellos.  

Por otra parte,  el bienestar interior de una persona madura no tiene parangón.  Saben manejar las situaciones complicadas de la vida (humanas, relacionales, laborales, sucesos inesperados) de manera eficiente,  sin exceso de dramatismo en la adversidad ni euforia sobrante en las alegrías. Aceptan la realidad, superan conflictos. 

 Tienen juicio ponderado, saben de  lealtad y objetividad.   No se dejan llevar por impulsos y  controlan bien sus emociones.  Escuchan y tienen en cuenta a los demás,  pero son ellos quienes toman, con libertad,  las decisiones definitivas.  Son positivos,  sencillos y afables, nunca envarados ni demasiado serios;  abiertos emocionalmente al amor, al afecto,  que saben dar y  recibir.   

Son de mente abierta, se aceptan a sí mismos y por ello son capaces de aceptar a los demás.  Hábiles en inteligencia emocional,  poseen  gran capacidad de empatía.  Tras pasar por el "yo" y el "tú",  eligen el Nosotros.  Saben cuidar a otros y dejarse cuidar.

No entienden de culpa,  sino de  re-conocimiento y responsabilidad.

Son capaces de mirar hacia atrás en su propia vida,  por muy dura difícil que haya sido,  sin amargura ni rencor;  aprenden a  valorarla con paz y  aceptación,  sin el dolor o  violencia de heridas no curadas,  incluso con gratitud,  a pesar de su crudeza.    Y viven abiertos a la existencia, aceptando lo que llega,  sabiendo que es maestra y siempre tiene algo que enseñar.

De todo aprenden,  porque buscan crecimiento,   sabiendo que ello es posible hasta el instante último de la vida.  Aceptan las críticas para conocerse mejor a sí mismos, sus errores les instruyen.   

Lo mejor a tener en cuenta es que,  aunque te faltaran ahora mismo un buen puñado de elementos, siempre hay oportunidad de encontrarlos en la vida:   bastan empeño, ganas, fuerza de voluntad para  trabajar consigo mismo  y quererlo conseguir.















lunes, 18 de diciembre de 2017

PIGMALIÓN ( la profecía autocumplida)




Habrás oído hablar del mito griego de Pigmalión,  que debe su denominación a un escultor que llevaba este nombre y se enamoró de una de sus esculturas:  Galatea. 

Llegaría  a tal punto  su pasión que la trataba como si fuera una mujer real y estuviera viva.  El mito toma fuerza por  intervención de Afrodita,  la cual,   conmovida por el amor que sentía el escultor por su estatua,  dio vida a Galatea mientras  Pigmalión dormía.

Este suceso dio origen a una reflexión psicológica denominada "efecto Pigmalión" que permite observar cómo  la realidad llega a superarse a sí misma  cuando la expectativa de alguien es tan fuerte, intensa y sin dudas  que,  teniendo por incuestionable tal superación,  finalmente  dicha  transformación ocurre.  

La investigación sobre este efecto ha tenido hondas repercusiones también en Sociología;  desde esta disciplina emerge sintetizada en el Teorema de Thomas:   "Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias.  Y añade:  "las impresiones subjetivas que pueden ser proyectadas en la realidad de tal modo (en intensidad y vivencia)  pueden llegar a hacerse verdaderas".


El sociólogo Robert K. Merton  refiere este efecto como "profecía autocumplida":   "Es,  al principio,  una definición "falsa" de la situación,  la cual  despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva "verdadera".    

Roshental y Jacobson  estudian el efecto Pigmalión mediante un reconocido experimento, sabiendo de su gran importancia educativa,  en familia y en las aulas:   Alumnos de la misma edad,  con capacidades similares y  provenientes de un medio sociocultural semejante,  son colocados en dos clases análogas.   Pero el Director transmite a los profesores informes  muy diferentes sobre unos y otros:  afirma que en la clase A,  los niños son estudiosos,  responsables,  educados,  de buena convivencia;  pero en la clase B,  los chavales son indómitos,  irresponsables,  sin motivación para el estudio,   agresivos y de difícil trato. 

Al final,  los chicos  terminan comportándose según las expectativas de los profesores,  que los trataron durante el curso  según los informes previamente recibidos:  Así, la clase A sacó excelentes resultados y la clase B  a duras penas superó el curso.  Los investigadores observaron cómo  el trato del profesor había condicionado las actitudes y conductas de los alumnos los cuales buscaban,  inconscientemente,  "cumplir  las expectativas"  de los profesores.   

Con lo cual,  mucho cuidado con nuestras palabras y actitudes  hacia personas,  circunstancias... y también hacia nosotros mismos.   Porque estamos condicionando y construyendo la realidad en un sentido positivo o negativo:  mejoramos el mundo o lo degeneramos,   construimos grupo y sociedad o los destruimos;  nos ayudamos y estimulamos a crecer a nosotros mismos, o  hundimos nuestra alma en un autodesprecio aniquilante.   Toda consciencia despierta  conlleva una  responsabilidad necesaria que debe aprender a dirigir libremente la propia  voluntad hacia el Bien y lo Bueno para todo y para todos (incluyéndonos a  nosotros mismos)   

                                                        






jueves, 16 de noviembre de 2017

PALABRAS





El lenguaje nos construye.   Las palabras que continuamente rumiamos en nuestro interior  (hay que aprender a observar ese "lenguaje interno"  que nos acompaña  desde la adquisición del habla en la infancia, y acompaña en todo momento nuestra conciencia)  son el filtro constante  que construye la realidad que acontece  y,  al mismo tiempo,  configura la mente,  el "yo"  de cada persona. 



Dice Michèle Petit,  antropóloga francesa:   

"El lenguaje nos construye. Cuanto más capaces somos de darle un nombre a lo que vivimos, a las pruebas que soportamos, más aptos somos para vivir y tomar cierta distancia respecto de nosotros mismos, y más aptos seremos para convertirnos en sujetos de nuestro propio destino..Pueden quebrarnos, echarnos e incluso insultarnos con palabras, incluso con silencios. Pero otras palabras nos dan lugar, nos acogen, nos permiten volver a las fuentes, nos devuelven el sentido de la vida".
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Por eso sabemos que hay palabras tóxicas y palabras  sanadoras, benéficas;  por eso,  somos  responsables de cada palabra emitida que impacta en el ambiente y que puede  contribuir o no a la destrucción o mejora del mundo y de nosotros mismos.   


Cada lengua,  cada cultura,  permite una construcción diversa de la realidad. La  capacidad personal de pluralidad lingüística desarrolla la inteligencia, amplía la mente y permite el acceso a un universo de matices propios del lugar,  que se ignora en otros entornos.  En interacción con los propios esquemas culturales y de vida aprendidos,  la estereoscopia que  genera  suscita espectaculares crecimientos de conciencia.  



Las palabras  tienen un poder creador y transformador.    No solo describen  la realidad,  sino que son capaces de crearla y  transformarla:  

-Generan  identidad personal:  lo que  nos vamos diciendo  a nosotros mismos y  lo que nos dicen los demás nos configura,  situándonos ante el mundo y los otros.  
-Generan relacionabilidad:  comunicación,  trasvase de  conocimiento, emociones, solidaridad.  La calidad de una conversación expresa la calidad de la relación.   
-Generan compromisos.  La palabra dada  ("de honor") asume responsabilidades  y consigue metas  que  de otra manera  quedarían diluidas en una indolencia incapaz de transformaciones hondas.  
-Generan posibilidades abiertas  anticipando  la construcción del futuro.  Preparan caminos  transitables para una posterior acción. 
-Generan mundos distintos que amplían la visión del Universo.  
    

El filósofo y sociólogo Rafael Echevarría continúa y  exhorta:

¿Quieres generar un mundo diferente? Cambia tus conversaciones, genera compromisos, crea posibilidades.

Por nuestra responsabilidad en esta vida y este mundo... todos tenemos un lugar en las palabras (C.Warnken)





martes, 21 de febrero de 2017

DETERMINARSE






El tener  ideas claras y  capacidad de reflexión profunda,  ayuda a  decidir lo que nos conviene, aquello a lo que  profundamente  aspiramos,  aquello que deseamos porque  nos hace mejores, nos engrandece y dilata el alma.     Una vez hecho el discernimiento y la elección,  no hay que ceder ya ante las dificultades, las contrariedades de la vida,  el natural cansancio.   Perseverar en la intención garantiza los mejores  frutos.   Una maestra de espirituales  hablaba de "determinada determinación". 
   
Todo logro en la vida,  necesita determinación.    Lo cual  implica  una gran carga de valor y fortaleza personal para mantener en el tiempo las decisiones elegidas,  hasta conseguir la meta y los propósitos.   Porque es muy fácil establecer retos atractivos, pero el verdadero desafío supone aquilatar el nivel de  responsabilidad suficiente  para comprometerse y  conseguirlos.  

Para ello,  has de trabajar una serie de   virtudes,  actitudes y valores que,  más allá del logro particular,  sirven a algo más grande que nosotros mismos,  siempre gratificante para el ser humano:

  • Conocimiento de ti mismo   y  capacidad  de  autocontrol,  
  • Fuerza de voluntad,  coherencia y perseverancia, 
  • Amistad contigo mismo,  autorrespeto  ( respeto hacia  tus propias decisiones), 
  • Asertividad:   afirmación y  defensa  de los  propios derechos respetando a  los demás; avanzar teniendo en cuenta estos presupuestos.   
  • Resiliencia,  capacidad de todo ser humano que te adapta  a situaciones adversas sin rendirte nunca. 
  • Paciencia,  que es la  ciencia de la paz...   No dejes que te queme ningún esfuerzo y persiste en ello con  serenidad y  constancia.  
  • Cuando las dificultades enredan, enfoca tu pensamiento hacia las soluciones  más que hacia los problemas. 

Ante toda contrariedad  no te sientas víctima preguntándote el "por qué",   sino constructor positivo respondiendo al  "para qué";    si no puedes apartarla, integra,  armoniosamente,  la contrariedad en tu camino.  Dará en su momento los mejores frutos. 

Ahora bien.  No  puedes dejar  todo el peso del emprendimiento en tus propias manos, porque muchas cosas nos superan.   El esfuerzo bruto   encerrado en el propio yo endurece el  ego y culpabiliza  cuando  nos vemos  incapaces  de los logros pretendidos...

Por ello,  junto al  debido y necesario esfuerzo  (como si todo dependiera de ti),   hay que confiar en la  Vida,  amiga y maestra  que  educa y fortalece por medio de la dificultad y adversidades,  pero que nos hace flotar,  si sabemos abandonar  -como madero blando-  nuestro corazón,  en el fluir de su río.   

A fin de cuentas,  es la Vida  quien  lleva y conduce  nuestro barco  y,  si  confiamos  en su Fuerza (invisible),  nos  llevará siempre al mejor puerto  de su  Inmenso Mar.