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domingo, 26 de agosto de 2018

AUTOACEPTACIÓN




Aceptarse a sí mismo  se impone como tarea básica.  Indispensable en todo ser humano que crece y quiere avanzar en el equilibrio Integrado del ser,  en su compleja simplicidad.  

La maduración evolutiva del ser humano  parte, necesariamente,  de la Autoaceptación:  cimiento y  escalón primero del recto amor a uno mismo.  Sin autoengaños.    A partir de ahí,  ya se puede construir, potenciando lo mejor de sí y trabajando lo que nos pesa con reconocimiento sencillo y paciencia.  

Albert Ellis,  que llegó a ser considerado uno de los psicoterapeutas más influyentes de la historia,  innovando con su apuesta racional  (emotiva, cognitiva conductual) el mundo de la terapia psicológica,  definía Autoaceptación :   la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no su aprobación, su respeto y su amor“.   
   
Conseguir de manera estable  este logro  para la propia vida proporciona paz interior,  serenidad mental y espiritual,  liberando  barreras psicológicas y sociales.   Enseña el autoperdón,  la reconciliación profunda consigo mismo y con los demás.   Lo cual tampoco significa "aferrarse" a las propias limitaciones y carencias renunciando a moverse,  crecer y evolucionar,  pues como el mismo   Carl G. Jung  diría   lo que aceptamos nos transforma, siendo la autoaceptación, por  tanto,  el paso previo para el cambio. 

Por ello,  la no aceptación de sí,   como la resignación castrante y  desesperanzada  ante los propios fallos y  carencias   pueden convertirse en peligrosas zonas de confort de las que hay que liberarse.  Una aceptación paralizante de las propias limitaciones nunca será verdadera autoaceptación, pues  ésta  siempre dinamiza.   Como decía Donald Walters, encontrarás la paz, no escapando de tus problemas sino enfrentándolos valerosamente;  encontrarás la paz, no en la negación,  sino en la victoria.

La persona que desea vivir Consciente y con la mirada Despierta dispone  de herramientas preciosas y  valiosas  para la tarea:  Luz clara para una visión objetiva sobre sí mismo;  Reconocimiento sencillo  y  Confianza.   

 Hay que emplearse a fondo en todo ello y hacerlo valer,  porque nos dará alas sin despegar de la tierra;  volaremos sin renunciar al suelo que nos sostiene y necesitamos pisar con firmeza y convicción.  




lunes, 9 de enero de 2017

¡RESPIRA!








Respirar es indispensable para la vida en la tierra.  Esto lo sabemos bien y todos tenemos  experiencia.
Pero  de lo que no somos tan conscientes,  es que,  a menudo,  no sabemos hacerlo como conviene y perdemos muchos de sus beneficios saludables,  para el cuerpo  y para la mente.  

El ser humano,  a lo largo de la vida,  va afrontando experiencias de diversa índole que,  para bien o para mal,  quedan grabadas en el propio cuerpo.    De la respiración primera,  vital,  del bebé, relajada y confiada,  anclada en la parte más honda (inferior)  de los pulmones  pasamos,  en la vida adulta,   a una  leve y superficial  toma de aire  que conduce a  la  atrofia progresiva  de  los músculos respiratorios.  Su buen tono y flexibilidad facilitaría   un esponjamiento pulmonar amplio y necesario para la buena oxigenación del organismo  (de ahí los suspiros hondos,  esporádicos,  cuando el ser físico o psíquico necesita rehacerse con una buena calada  de aire fresco).

En situaciones de ansiedad y estrés  jadeamos,  reduciendo  la capacidad respiratoria  al mínimo clavicular de manera acelerada,  lo  cual  acota maravillosos  recursos  energéticos del organismo, restauradores y tonificantes.

La respiración básica saludable debe establecerse en el fondo pulmonar  (como los bebés durmiendo que suben y bajan la tripita)  debiendo evidenciarse  la cadencia del aire en el adulto  al nivel del propio abdomen  (llenando secundariamente  el pecho y la parte alta clavicular  para completar una  respiración amplia y profunda).    

Aprende a Respirar CONSCIENTE al compás de la vida:

Inspira hondo,  de manera consciente  y pausada  la paz, la alegría, la reconciliación, el alivio,   la confianza,  la esperanza, la fe,  la amistad, la comprensión,   la compasión,   la gratitud, ...
Inspira hondo los colores hermosos,  la belleza,   olores y aromas gratos,  la frescura del aire, la caricia del sol,  la bondad humana,  la naturaleza admirable, la música,   la palabra constructiva, el arte,  el descanso...

Espira,  comprimiendo al máximo los pulmones  y  exhalando  fuera,   junto al  aire que limpió nuestra sangre:  el cansancio, el agobio,  todo malestar,  preocupaciones, rencores, inquietudes, hostilidad,  desconfianza, temor,  desilusión,  tristezas, ....  de cada día.  

Repitiendo el ciclo una y otra vez,  aspira de nuevo, consciente,   lo bueno de la jornada,  recordando y  agradeciendo las buenas sensaciones que siempre estarán ahí...   Espira a continuación  la más pequeña negatividad que persista.     Irás estableciendo,  así,  una  dinámica  fluyente que terminará haciéndose espontánea y connatural en ti.  

Restaurarás  el ser,  lo fortalecerás;  aprenderás a  recargar tus baterías con esos  buenos momentos que te sostendrán  luego en circunstancias más complicadas de la vida.    

¡Renuévate!

        

¡Respira!