Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de junio de 2024

EINSTEIN Y EL AMOR








No sé si entendemos de
amor lo suficiente como para comprender la genialidad de Albert Einstein, (o que alguien le atribuye como autor), también en el terreno del Espíritu, en una suerte de misticismo científico llamativo y excepcional.  Vale la pena reflexionar, porque ese amor se construye con las pequeñas cosas de cada día, esas que, bien hechas, gratifican interiormente y dilatan el corazón:  

-Puede ser consigo mismo, cuidándose, queriéndose, respetándose, dinamizando lo mejor de sí.  
Puede ser con los demás, igualmente cuidando, queriendo, agradeciendo, respetando, animando y apreciando lo mejor de ellos, o bien, aprendiendo a comprender y a perdonar.  
Puede ser hacia la Naturaleza que nos cuida y nos sustenta y tantas veces maltratamos.
Puede ser hacia la vida, que nos trae cosas y circunstancias, que nos gustan más o menos, pero detrás de las cuales, existe siempre el empuje a fortalecernos, madurar, descubrir nuestros recursos ocultos, superar retos, hacernos más fuertes, aprender a pedir ayuda y confiar en los demás. 
Si el amor es ley del universo, serán siempre sus armas las que mejor nos pertrechan para la vida. 


“Mi querida Leiserl,
Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los prejuicios del mundo. Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.
Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el AMOR.
Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas: el Amor.  El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe.  El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El Amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere.  El Amor es Dios, y Dios es Amor.
Esta fuerza lo explica todo y da Sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos olvidado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo. Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre.  Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites. Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía.
Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser siente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.
Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.   Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.
Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta!”. Ama a quien te ama, valora a esa persona que esta junto a ti, incluso en los momentos en los que ni tú misma te soportas, quienes te aman estarán junto a ti en los momentos difíciles, porque fácil es estar en los buenos momentos, difícil es que estén junto a ti cuando más necesitas apoyo y atención.
No permitas que la costumbre de tenerlo te arrebate, poco a poco, ese alguien especial que la vida te ha dado. Recuerda que en los seres humanos, el exterior no siempre demuestra lo que en el interior se siente. Cuida, escucha, atiende. Y sobre todo ama. Hasta que tus fuerzas se agoten, y si te agotas, descansa y vuelve a amar. Renueva los sentimientos y no desmayes. Sé feliz y haz feliz.
Tu padre: Albert Einstein”









jueves, 30 de julio de 2020

MIEDO AL AMOR



Si tras alguna experiencia de amor quedaste herido, puede ser que  lo temas.  Que en el fondo desconfíes y te dé miedo el compromiso, la implicación,  la posible falta de reciprocidad,  el "dar más de la cuenta" sin seguridad plena por la otra parte. 
 Pero el temor aquí supone una emoción desviada,  que impide desplegar el amor, profundizarlo y conocerlo de cerca.  Para que fructifique hay que amar el amor,  confiar en él.  Vale la pena el riesgo, aprenderás mucho (del ser humano, de la vida) y crecerás como persona.  
Hablamos de todo amor:  pareja, amistad, filiación, fraternidad, caridad...

En el amor de pareja puede ocurrir también que,  sin ir suficientemente a fondo, confundamos enamoramiento con amor:
El amor pide salir de uno mismo  y el enamoramiento  facilita  e impulsa esta salida de sí  hacia el otro amado.   Si el movimiento es correcto, la persona, sin proponérselo expresamente, aprende a dar lo mejor de sí.    El que se siente amado, si le complace,  se mostrará receptivo para recibir el amor y saldrá de sí para amar a su vez.   
Aprenderán ambos a ampliar la propia perspectiva con la perspectiva del otro,  creciendo y enriqueciéndose mutuamente.
Pero el enamoramiento no es amor.   

El amor real,  ese que  que se hace sólido y que dura en las parejas, será justamente lo que queda tras el enamoramiento primero, y se asienta en la confianza, el  respeto mutuo, aprecio y valoración;  la mutua comprensión,  diálogo,  empatía,  cercanía emocional,  cariño, bienestar junto al otro,  actividades compartidas. 

Si alguna salida de sí hacia otro no fue bien y no halló respuesta justa, el corazón podría replegarse  para no resultar herido de nuevo.
Pero la experiencia de amar y  sentirse amado resulta indispensable para el ser humano,  su desarrollo,  maduración,  su realización personal.    Y su importancia comienza desde su primer respirar en este mundo al nacer,  la aceptación o rechazo de sus progenitores o entorno más cercano,  el amor recibido en primera infancia.   Quien sufre carencia en etapas iniciales, tan vitales, fácilmente tendrá problemas, en su vida adulta, de seguridad en sí mismo, confianza en los demás, relaciones interpersonales y de pareja.    

El amor en el ser humano y sus sociedades es el cementante básico que nos mantiene unidos, cercanos, solidarios: sostiene estructuras familiares, grupos de afinidad profunda, solidaridad y, obviamente, parejas que buscan discernir juntos el futuro de sus vidas.  

Resulta fácil hablar de amor, pero difícil vivirlo con responsabilidad, fidelidad y  compromiso.   Y quien lo consigue es grande,  porque se  sitúa en ese amor sustancial que está mucho más allá del sentimiento y se acerca a la intuición; está más allá del sentir, pero se alimenta de gestos cotidianos con naturalidad perseverante.  Supone por ello, más bien, un acto convencido de libertad:  quiero amar,  como actitud generalizada en la vida.  

 Esta clase de amor convierte en oro todo lo que toca.  

                                                                      

lunes, 7 de agosto de 2017

AFABILIDAD





La Afabilidad  es   bella y esforzada.  Puede ser un reto heroico.   Parece sencilla y suena, en general, a "buenismo" fácil, trivial y asumido en el  convivir humano;   pero como talante (natural o adquirido)   puede llegar a costar muchísimo si no existe,  interiormente,   la determinada determinación  de cultivar esta actitud y  perseverar en ella.   La afabilidad conlleva  un importante valor añadido como  ejercicio de Inteligencia Emocional  beneficiosa para todos, individual y socialmente.   

Afable procede del latín  affabilitas  y significa agradable,  suave de trato, benevolente, dulce. En sentido propio,  sería aquel: "con quien se puede hablar fácilmente". Ternura y bondad de corazón que  nunca halla  distancia entre las personas,  sino cercanía, proximidad con todas ellas.  Exige autodominio y tacto (esto es Inteligencia Emocional) para acertar en el qué, cuando y cómo  de las cosas  y,  para ser realmente afable  ( no hipócrita),  se acompaña de  nobleza,  sencillez y  franqueza generosa. 

La afabilidad  construye personas  y,  desde ellas,   grupos fuertes, solidarios;   sociedades saludables, cohesionadas y consistentes.  Aún más allá, el Bien que se ejercita un solo instante por amor, acrecienta el Bien y lo Bueno de todo el  Universo (por aquello del “efecto mariposa").

El desgaste cotidiano en la convivencia (ambientes familiares, laborales o amistosos/fraternos), el exceso o falta de confianza,  la tensión acumulada,  las pequeñas frustraciones y luchas de cada día... acaban minando toda positividad emocional que  queda finalmente  a merced de la visceralidad incontrolada, el  juicio y el prejuicio; del pronto o impulso más primario, el mal humor o la impaciencia.  En cuanto se relaja la intención y el interés particular por mantenerla,  toda convivencia humana y fraterna  se resiente.

La Afabilidad ayuda a emerger lo mejor de las partes  (uno mismo y los demás). Contrariamente, el trato displicente,  poco amable,  autoritario y falto del respeto necesario  potencia  lo peor de las personas que emerge como reacción y  mecanismo de defensa errado. De todas formas,  el primer damnificado será siempre el poco afable (o "antipático")  que acaba solo y encerrado amargamente en su poca cordialidad  y sequedad de alma.  

La  afabilidad es  pilar fundamental en la escala de amor más elemental. Otro  pilar sería el respeto.   Respeto debido a todo ser humano,  en general  a las criaturas,  como parte maravillosa del inmenso don de Dios;  más allá del criterio propio, pensamiento o emoción particular, siempre diversos,  la voluntad de respeto  es, ya,  voluntad de amor. 
El tercer pilar sería la empatía ( ponerse en la piel y  zapatos del  otro).  Es  el más fuerte de los tres, capaz de fortalecer y potenciar los dos primeros.    
                                                                                             Apoyándose en esta trilogía  básica primordial puede asentarse,  consistente y responsablemente,  cualquier otra forma responsable  de amor comprometido,  bien nutrido por tan firme basamento y coexistiendo con él.