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sábado, 11 de enero de 2025

EL AZAR REPARTE LAS CARTAS Y NOSOTROS LAS JUGAMOS

 


La célebre frase de Schopenhauer lo dice todo.   En realidad, la suerte de cada cual depende mucho de cómo jugamos las cartas que nos tocan, es decir, de actitudes que  condicionan todo.   Hay situaciones azarosas que no podemos controlar, pero otras suponen oportunidades que no podemos desaprovechar, y hay trabajarlas a favor nuestro.  

Ante lo que no puedes cambiar, si cambias la mirada, todo cambia.

La vida necesita flexibilidad, capacidad de adaptación y consciencia de un mundo difícil en el que también se mueve mucho potencial generoso y bueno, que debemos detectar  e interactuar con él para emerger su beneficio. 

Nuestras creencias condicionan  realidades que creamos:  si pensamos que el mundo es injusto, adverso y cruel, se reflejará en el rostro y el entorno agredirá nuestra hurañez.  Si entendemos que el mundo alberga también bondad y alegría, comprensión y amor, tal  certeza brillará, secreta, en la mirada,  y las cosas buenas nos encontrarán.  Será siempre la mejor jugada por muy modestas cartas que tengamos. 

La actividad consciente, despierta, positiva,  atrae las mejores energías de la vida, de los demás. Sus actitudes se asientan en una gran virtud, que siempre cabe aprender en la vida:  Confianza.  La confianza despeja caminos y corazones, acepta lo que hay, pero sabe esperar, sabiendo que las cosas pasan y en un momento puede cambiar todo.  No hay bien ni mal que cien años dure  reza un acertado refrán castellano.
Confianza que no abre quizás la puerta que deseamos, encuentra multitud de ventanas para  dar salida y compensar.

No creamos tampoco pasivo el confiar, sino activo, dinámico y responsable,  comprometiendo con coraje  actitudes, conductas concretas que nos benefician y mejoran la vida propia y de los demás.   Y con la humildad de nuestros posibles limitados,  confiar lo que falta en el fluir vital de una existencia que día a día nos sostiene y nos alienta. 





 




domingo, 11 de junio de 2023

GRATITUD

Para Cicerón, "la gratitud no es solo la más grande de las virtudes sino la madre de todas las demás", y para los evolucionistas, ha sido una habilidad primordial, que ha supuesto ventaja evolutiva  para sobrevivir como especie, generando vínculos sociales constructivos.  

El psicólogo Robert Emmons  define la gratitud  como la afirmación de los dones de la propia vida y el reconocimiento de que esos dones vienen de fuera de nosotros.   
Y  ha trabajado sobre estudios científicos acreditados para demostrar sus asombrosos  efectos sobre la salud: presión arterial,  función inmunológica, sueño, depresión, ansiedad, hipercolesterolemia y salud cardiovascular... resultando una excelente medicina.

Por sus amplios  beneficios,  hay que  insistir en su trabajo y ejercitación porque, efectivamente, la gratitud se puede entrenar y desarrollar en la vida,  hasta internalizarla y automatizarla como actitud cotidiana permanente.  Es una manera de madurar nerurobiológicamente el cerebro y contribuir de esta manera a una plenitud gratificante de realización personal. 

Emmons   enfatiza que la gratitud no ha de ser solo
reactiva (sentirse bien, feliz y agradecido cuando sucede algo bueno), sino proactiva,  por eso anima también a recordar momentos malos, difíciles y oscuros de la vida,  constatando cómo al final pudimos salir de ellos,  llegando adonde estamos ahora,  y dejándonos alguna importante lección de aprendizaje. 
  
Para una verdadera capacidad de agradecimiento no importan las circunstancias:  es la gratitud incondicional,  la gratitud indestructible.  Una gratitud enraizada de manera existencial  no ignora las condiciones duras de la vida sino que   "prende una luz en la oscuridad"  y se hace maestra de resiliencia.        

Vale la pena tomárselo en serio y, apetezca o no apetezca,  trabajar la gratitud cada día: un listado de cosas buenas cotidianas al final de la jornada; cartas escritas agradeciendo a alguien, cercano o lejano, aquello que nos gusta y nos inspira;  un listado de posibilidades negativas que hubieran podido darse cada día  y fue todo positivo.    

El sentimiento de limitación y vulnerabilidad nos hace realistas y humildes;  desde aquí, puede abrirnos a la grandeza del don inmenso que sostiene la vida, de infinitas maneras,  más allá de nuestras fuerzas,  generando profundas sensaciones de confort y confianza, incluso en las situaciones más difíciles y oscuras de la existencia. 














lunes, 23 de noviembre de 2020

COMUNICAR





Comunicar con los demás (charlar, compartir, dialogar) no solo es importante  sino necesario  para el equilibrio personal  y los procesos de socialización humana. 
El ser humano es un animal social que necesita de los demás. 

Aprender a transmitir ideas y sentimientos,  aprender a escuchar  son tareas elementales para entendernos, para evitar conflictos (o solucionarlos),  para sentirse mejor consigo mismo y con las  personas en un mundo difícil.   Es asignatura importante  que debe aprenderse desde la infancia para adquirir una adecuada competencia comunicativa. 
El ser humano re-crea la realidad a través del lenguaje.

Comunicamos verbalmente con el habla (oralidad) o bien por la escritura, pero también por lenguaje no verbal:  gestos/ señales o paralenguaje (acento, volumen de voz, entonación, velocidad del habla...). Incluso con el silencio.  Todo transmite información de manera explícita o implícita, aunque lo que entendemos como comunicación, en sí, supone una acción consciente e intencional que pretende informar, generar acciones, conocer al otro y darse a conocer, solucionar conflictos, llegar a acuerdos,  transmitir conocimientos y enseñar. 

Por otro lado, para comunicar mejor hay que conocerse bien, ser capaces de sinceridad y autenticidad  para transmitir confianza:  esa realidad consistente en la que se asientan y consolidan  las relaciones humanas y  sus sociedades.          

El ser humano, como  criatura contingente,  depende de otros factores, personas o circunstancias,  para existir.   Como ser social, necesitará de la aportación de los demás para una vida digna, colaborando él, por su parte, con sus propios talentos y capacidades. 
Comunicar adecuadamente le permitirá  expresar sus necesidades,  creencias, deseos, metas, proyectos, anhelos, solicitar la ayuda que necesite y también poder brindarla. 

Para que el comunicar sea efectivo y positivo los expertos incluyen los siguientes rasgos y actitudes:  escucha activa, empatía, comprensión del lenguaje no verbal (lenguaje corporal,paralenguaje), asertividad,  habilidad para resolver diferencias, respeto y credibilidad. 

Subjetivamente,  los beneficios de una comunicación positiva son evidentes.   Las personas disminuyen su estrés,  se sienten mejor consigo mismas y con los demás, son más creativas y se concentran mejor;  aprenden más, se motivan con mayor facilidad,  mejoran el rendimiento,  se hacen más empáticas y comprensivas, más resilientes y responsables; gestionan mejor sus metas y sus logros personales,  crecen y maduran,  tanto cognitivamente como emocionalmente,  de manera significativa. 

Comunicar adecuadamente se convierte en una manera de amar.

                                                             






viernes, 16 de octubre de 2020

APRENDER RESILIENCIA

 

Resiliencia es un concepto en evolución  y una palabreja de moda,  pero, sobre todo, una noción importantísima que se alimenta de varias actitudes en línea. Presupone fortaleza interior, perseverante y tenaz, ante la adversidad y emociones negativas, que se alimenta de confianza y esperanza,  mucha esperanza, sin dejar de ser realista.   

Es un término que proviene de la física y la química, designando la capacidad de un material para recuperar su forma inicial tras la presión de una fuerza que lo deforma, y se adaptó a la psicología.  El término deriva del latín,  "resilio":  "re"  volver atrás y "silio" salto,  es decir, vuelta al principio, como era antes. De esta manera, las personas resilientes son capaces de soportar  situaciones importantes de estrés y salir indemnes; aprendiendo a superarlas, salen de la adversidad sin afectarse o todavía mejor: fortalecidas.     
El sinónimo más cercano en nuestra lengua sería "entereza".
El psiquiatra y psicoanalista Boris Cyrulnik acuñó el término para la psicología,  en la década de los 60, inspirado en los trabajos de John Bowlby.  

Cuando nos asomamos a la vida de algunas personas,  puede estremecernos la crudeza experimentada en muchas situaciones vividas y cómo,  sin darse  cuenta, aprendieron a salir de la adversidad  sin perderse a sí mismas.  
Estaban bien provistas de confianza en la vida, autoestima, realismo,  flexibilidad cognitiva creativa (pensamiento divergente),  afabilidad y  humor, configurando así un perfil habitual resiliente.       

Hace tiempo, leí un artículo en el que hasta el título era interesante: "La nueva felicidad se llama resiliencia".  Es así.  La felicidad, como estado y sentimiento intenso positivo, no es posible conservarla de forma mantenida.  La estabilidad emocional, por el contrario,  sí es un logro que fundamenta de manera consistente una infraestructura  de  felicidad que perdura:  la paz del alma, la tranquilidad del corazón.     

La personas resilientes sufren menos trastornos de ánimo o depresiones,  gozan de mejor salud física y mental, viven más satisfechos y obtienen mejores resultados en su actividad  laboral y relacional;  valoran, comprenden  y ayudan más a los de su alrededor,  se hacen sabias y  felices.  

Pudiera haber tendencias naturales que faciliten su desarrollo,  pero lo cierto es que la persona resiliente, en sí, no nace, se hace.   Y para mantenerla viva, activa y consolidada,  hay que practicarla al paso de la vida. 
 
Vale la pena: aprende resiliencia y descubrirás un secreto infalible para  ser feliz.  


                                              













miércoles, 30 de septiembre de 2020

ESPERANZA

 

                                                                   

                                                   

Según la Real Academia,  la esperanza es un estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.

Inferimos,  en primer lugar,  que  la esperanza supone un estado de ánimo positivo, dinámico, abierto y confiado que nos da la seguridad interior de obtener lo que se espera,  en general,  cosas buenas de la vida.  Además,  aliada con la perseverancia y la resiliencia, ayuda a superar las dificultades que pueden acontecer , con la confianza de que podremos con ello y no torcerá nuestros objetivos más profundos.   Se diferencia de la expectativa en el cálculo racional de esta, que se fija más en  consecuciones  concretas.   La esperanza es más intuitiva, difusa y amplia, una pura experiencia subjetiva que espera, en general,  ese bien y cosas buenas, desde la confianza en sí mismo y en la propia  vida.  

La esperanza saludable se alimenta de realismo (por supuesto) y posibilidad, añadiendo que,  como  estado de ánimo positivo, favorece la vida en línea  con lo deseado: las sincronías, sintonías y resonancias de idéntica frecuencia mueven sutilmente la realidad en dirección de la propia confianza.   La desesperanza produciría, justamente,  el efecto contrario.   

La esperanza es así  dinámica y proactiva, en dirección de lo que se espera.  Infunde serenidad ante la vida, confianza y paz, a pesar de las dificultades normales que vayan llegando.  

La esperanza puede considerarse una construcción personal,  por la cantidad de perspectivas que la enfocan.  Puede implementarse conscientemente en la vida, trabajarse y entrenarse,  pero  también es cierto  que otros son, espontáneamente, naturalmente esperanzados por temperamento o convicciones-creencias personales.   Todo sirve para experienciarla,  y quien lo consigue ve cambiar su realidad. 

La esperanza, junto a la perseverancia, son claves de bienestar y suponen recursos emocionales de elección para la felicidad y la salud mental.  Ayuda a dar sentido a la vida, al mismo tiempo que se alimenta de los significados vitales que, cotidianamente, la esperanza es capaz de encontrar en ella (esas pequeñas cosas que iluminan la existencia).
Una vida esperanzada se halla más fuerte y preparada para combatir el estrés, la ansiedad,  además de suponer, socialmente, un bien  importante: al compartirla y transmitirse al entorno promueve la motivación colectiva y la cohesión social. 
  
El profesor Dacher Keltner (Universidad de Pensilvania)  afirma que las personas estamos biológicamente preparadas para experimentar esperanza.  Y no es de extrañar, porque  su dinamismo positivo favorece vivencias adaptativas, constructivas, una garantía de supervivencia, que impulsará  la fuerza, la resistencia, la superación, el optimismo, la resiliencia, frente al derrotismo que tira la toalla ante la más pequeña adversidad.   

Decía Marcel Proust: Trata de mantener un trozo de cielo azul  encima de tu cabeza, porque, como afirmaba  Cervantes,"donde una puerta se cierra,  otra se abre"

                                                               



martes, 11 de junio de 2019

QUÉ HACER CON LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS





     ¿Qué pasa cuando un pensamiento se nos cuela dentro  y no deja de dar vueltas en nuestra mente...  especialmente  cuando es una idea negativa,  insidiosa,  que no nos deja en paz y a la que tampoco podemos dar respuesta inmediata para atajarla?

A menudo  perdemos la paciencia por el pensamiento zumbón que nos persigue,  entramos en zozobra,  y hacemos lo  posible  por alejar semejante incordio de nuestra vida. 

Pero, ¿es ésta la estrategia adecuada,  la que más conviene y nos libera?   La respuesta es No.

La opción correcta es  proactiva (no reactiva,  como la anterior) y  pasa por la aceptación.  Supone aprender a no hacer caso,  como quien oye llover.  El que algo nos dé vueltas  interiormente es normal y   forma parte de la vida:  el lenguaje interior suele encargarse a menudo  de llevarnos al pasado para lamentarnos  o al futuro para temer.  Pero la no aceptación o  evitación de esta negatividad  que a menudo nos persigue,  justamente nos esclaviza a ella,  y cuando sobrepasa un umbral de "enganche" y nos controla,  el pensamiento se vuelve obsesivo en un círculo cerrado y  vicioso que llamamos  rumiación.  

 Con  actitudes de aceptación,  será  nuestro Yo consciente  quien  retomará el control,  alejándose del vaivén de olas poderosas que parecen  desafiar nuestra frágil barca a la deriva. 
La aceptación pacífica y la tolerancia de estas situaciones,  tan cotidianas y habituales en la vida,  genera  una misteriosa Confianza que aprende a  flotar en ese mar impetuoso y potencialmente amenazador,  sabiendo  que,  análogamente,  la vida misma nos mantendrá igual a flote de una y mil maneras.  

Para lograr esta aceptación   hay que atender al lenguaje.  Porque es el lenguaje  el que nos esclaviza al pensamiento negativo que no deja de verbalizarse en la mente  y llevarnos al pasado o al futuro,  de manera obsesiva a veces, dejando escapar el presente real que nos vive.  Hay que generar  automensajes conscientes que desactiven los pensamientos negativos, anulando su efecto:  "no me voy a inquietar ahora,  cuando las cosas lleguen,  lo solucionaré";  "si esta persona se portó mal conmigo,  seguramente no tenía un buen día,  como nos pasa a todos"... etc. 

Para ayudarse,   interesa,  a nivel mental,   mantener  los propios valores,  motivaciones y metas,  teniendo siempre en cuenta  lo que realmente nos importa en la vida,  más allá de cualquier  malestar que nos interfiera. 

Físicamente,  hacer deporte y caminar al aire libre  son capaces de renovar el ambiente interior,  sanearlo,  y producir valiosas endorfinas capaces de hacer frente al  pensamiento "okupa" que nos zahiere.  

                                          
                                                                           
                           







domingo, 26 de agosto de 2018

AUTOACEPTACIÓN




Aceptarse a sí mismo  se impone como tarea básica.  Indispensable en todo ser humano que crece y quiere avanzar en el equilibrio Integrado del ser,  en su compleja simplicidad.  

La maduración evolutiva del ser humano  parte, necesariamente,  de la Autoaceptación:  cimiento y  escalón primero del recto amor a uno mismo.  Sin autoengaños.    A partir de ahí,  ya se puede construir, potenciando lo mejor de sí y trabajando lo que nos pesa con reconocimiento sencillo y paciencia.  

Albert Ellis,  que llegó a ser considerado uno de los psicoterapeutas más influyentes de la historia,  innovando con su apuesta racional  (emotiva, cognitiva conductual) el mundo de la terapia psicológica,  definía Autoaceptación :  “ la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no su aprobación, su respeto y su amor“.   
   
Conseguir de manera estable  este logro  para la propia vida proporciona paz interior,  serenidad mental y espiritual,  liberando  barreras psicológicas y sociales.   Enseña el autoperdón,  la reconciliación profunda consigo mismo y con los demás.   Lo cual tampoco significa "aferrarse" a las propias limitaciones y carencias renunciando a moverse,  crecer y evolucionar,  pues como el mismo   Carl G. Jung  diría   lo que aceptamos nos transforma, siendo la autoaceptación, por  tanto,  el paso previo para el cambio. 

Por ello,  la no aceptación de sí,   como la resignación castrante y  desesperanzada  ante los propios fallos y  carencias   pueden convertirse en peligrosas zonas de confort de las que hay que liberarse.  Una aceptación paralizante de las propias limitaciones nunca será verdadera autoaceptación, pues  ésta  siempre dinamiza.   Como decía Donald Walters, encontrarás la paz, no escapando de tus problemas sino enfrentándolos valerosamente;  encontrarás la paz, no en la negación,  sino en la victoria.

La persona que desea vivir Consciente y con la mirada Despierta dispone  de herramientas preciosas y  valiosas  para la tarea:  Luz clara para una visión objetiva sobre sí mismo;  Reconocimiento sencillo  y  Confianza.   

 Hay que emplearse a fondo en todo ello y hacerlo valer,  porque nos dará alas sin despegar de la tierra;  volaremos sin renunciar al suelo que nos sostiene y necesitamos pisar con firmeza y convicción.