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lunes, 22 de junio de 2026

VALORAR LO QUE SE TIENE

 



Valorar lo que se tiene es la mejor manera de agradecer, sabiendo que la gratitud interior es un activo noble que garantiza felicidad. Esa extraña y anhelada emoción,  que depende más de nuestras actitudes que del exterior.  Porque no podemos controlar lo que sucede fuera, pero sí podemos aprender a controlar y decidir la manera de vivirlo, afrontarlo y transformar cualquier acontecimiento en ladrillo constructivo de una vida plena.  No importa el color de la experiencia, un experto en resiliencia sabrá siempre aprender y crecer con todo lo que toca vivir. 

Estudios científicos han demostrado los beneficios a nivel físico, mental y emocional del agradecimiento.  En cada rutina cotidiana, hemos de ser conscientes de que, solamente poder realizarlas (comer, dormir, no pasar frío, levantarse, tener movilidad, relacionarse, actividades  gratas para disfrutar...) suponen un don, cosas simples que no apreciamos, pero que mucha gente no puede realizar parcial o totalmente.  No es hasta que perdemos alguna capacidad,  que nos damos cuenta del inmenso regalo que no supimos ver ni agradecer. 

Tenemos tendencia, por contra,  a añorar y sentirnos frustrados por lo que nos falta, lo que querríamos y a pesar del esfuerzo no podemos conseguir o sueños que parecen no querer nunca llegar a nuestra vida.  Y enredamos la mente en esto, agotando sus recursos, en lugar de dedicar un tiempo a lo que ya tenemos y hemos conseguido, podemos disfrutar y podría hacernos felices: si nos damos permiso de alegría por cosas tan pequeñas y simples.

Lo cual no significa renunciar a los sueños, a los deseos de una vida más plena, tanto a nivel físico (salud y buenos hábitos de vida), mental e intelectual  (cursos, estudios, metas profesionales...), relacional (conectar mejor con las personas, cultivar la amistad), emocional-existencial (buscando equilibrio interior y  paz del alma).  Para esto hace falta igualmente esfuerzo, ejercitarse en la dirección concreta que interesa... pero un trabajo en libertad,  aspirando a metas realistas, no lejanas u objetivamente improbables para nuestra realidad, que lo único que harían es deprimirnos.
Sabiendo que lo más importante es el camino, disfrutar con él, y si la meta no llegara, no seremos infelices por ello, porque habremos gozado con el mero intento. 

Como decía Carl Rogers, "La vida es un proceso, no un estado del ser.  Es una dirección, no un destino".   Si aprendemos felicidad caminando, las metas que no logremos serán enseñanzas que nos harán más sabios y más fuertes;  las metas conseguidas, alegrías que se mezclarán con nuestro paso tranquilo y perseverante, porque lo mejor estará siempre, siempre... por llegar. 



sábado, 3 de diciembre de 2022

LO QUE NOS GUSTARÍA

 


Tantas veces nos gustarían las cosas de una manera y parece  la vida empeñada en no concederlo nunca.   Y no hablo de grandes ambiciones, sino de la prosa sencilla, especialmente relacional y cotidiana de esta vida, en ocasiones difícil, complicada o poco grata.  

Cuesta entender cómo si nosotros nos portamos razonablemente bien con las personas, por qué a veces nos ignoran;  somos responsables y ellos no,  amables, pero ellos tampoco... Se requiere  respuesta para algo y nunca llega,  confiar en alguien, pero no es posible. 
O bien, a nivel particular, quieres dar siempre lo mejor de ti mismo y  cuando menos esperas,  salta algún resorte oculto, imprevisto, que te ensombrece el corazón y enrarece un ambiente delicado que pretendías especialmente cuidar.  

Pequeños detallitos de la vida, sucesos o relaciones que dificultan las cosas y nos hacen acabar el día con el alma cansada y herida.  Sentimos la tentación del bloqueo interior, mental y emocional,  pasar y dar la espalda a todo.    

La vida es maestra y también testaruda.  En circunstancias adversas, suele querer enseñarnos algo, y repetirá situaciones similares una y otra vez hasta que aprendamos a superarlas... Al menos, con actitudes correctas. Un simple cambio de mirada nos hace relativizar muchas cosas y centrarnos en lo esencial, lo cual, a su vez y paradójicamente, suele ser clave para encontrar soluciones prácticas adecuadas en cada momento de dificultad. 

Cuando la negatividad  azota, oscurecemos la mente y corazón sin ver la cantidad de luz, bondad y bien que nos rodea.  En estas situaciones,  hay que reforzar, agradecidos, lo que sí tenemos y, haciendo lo posible por obtener lo que nos  falta,  relativizar lo que no esté a nuestro alcance.    

Cuando son personas las que duelen, quebrando nuestra confianza y nos descolocan, el ejercicio de respeto ante la libertad del otro puede ser heroico.  No sabemos lo que viven los demás,  sus preocupaciones y condicionamientos, qué les impulsa a obrar de manera no prevista, no podemos poner al otro siempre bajo el punto de mira  de nuestro control.  Agradecemos las personas previsibles, porque se hacen confiables, ofrecen paz y seguridad.  Pero hay que ofrecer espacios de aceptación y tolerancia para los que no son así,  permitir sus procesos personales, procurando que no nos hieran ni  afecten.  Y, una vez más, reconocer y agradecer lo bueno que que sí nos aportan, que a veces queda oscurecido por lo que parece nos falta de ellos.  En esos momentos, es todo lo que pueden dar,  hay que aceptarlo y agradecerlo así. 

Por parte nuestra, siguiendo la regla de oro de la convivencia humana,  hacer nosotros por los demás lo que nos gustaría nos hicieran... y en general,  paz-ciencia (con nosotros mismos y con todo). Seguir la vida, contando con aquello y aquellos con los que se puede contar, agradecer lo que siempre hay y está  y prescindir, comprensivamente, de lo que en ese momento está en otra versión de su realidad. 
 




domingo, 28 de marzo de 2021

AMAR LA VIDA

 


Hay una varita mágica para muchos problemas y situaciones difíciles de la vida, que sanea nuestra existencia en este mundo.  Cura  emociones negativas y soluciona  ansiedades,  incertidumbres,  envidias,  depresiones y toda clase de tristeza:  ¡Ama la vida!

A veces lo tenemos todo y no sabemos valorarlo,  pendientes, siempre, de aquello que nos falta,   perdimos o dejamos escapar;  o bien,  de lo que no nos gusta, lo que querríamos cambiar y no podemos, o  lo que tiene el otro que no puedo tener yo.  Sabemos que la vida es,  para todo ser humano, una botella a medio llenar.   Hay quienes viven agradecidos por la mitad que tienen, procuran con libertad algo más que deseen,  y no se dejan abatir por lo que no llega.  Estas personas gozan de una sabiduría instintiva que les permite disfrutar de la vida en sus más pequeños detalles, aprovecharla al máximo.  Esto es vivir. 

A veces,  vivimos más en el "y si" que en el "aquí y ahora",  lo cual nos enajena de la realidad y puede hacernos sufrir mucho.  Ante las incertidumbres de la vida,  en lugar de elucubraciones estériles,  vivamos el ahora,  sin dar vueltas innecesarias al dolor del pasado o al miedo del futuro.  Confiar.

Por otra parte,  es verdad que hay rachas malas,  como las hay buenas,  pero  también sabemos que no hay  bien ni mal que 100 años dure.   Como cualquier "racha",  tiene fecha de caducidad  y las cosas irán cambiando.  De todas formas,  está demostrado que, conforme es nuestra actitud,  atraemos situaciones y circunstancias en línea consistente con ella.   Si miramos la vida y a los demás con el ceño fruncido, hostilidad,  recelo y  desconfianza,  esto mismo vamos a recibir de ellos,  lo cual confirmará nuestras "expectativas",  y en un fatídico círculo vicioso,  alimentará nuestras actitudes distantes y hostiles.  Si miramos la vida y a los demás con amor suficiente,  la vida y los demás nos dovolverán un amor multiplicado.  

Los recuerdos negativos  (o anodinos)  del día suelen acumularse,  robándonos nuestras mejores energías, con la mala costumbre a veces de dejar que se nos peguen,  "rumiarlos" sin cesar,  y no hacer lo mismo con los recuerdos positivos. 

Así, un ejercicio interesante,  al finalizar el día,  antes de dormir por ejemplo,  será revisar el día agradeciendo los pequeños momentos, detalles, circunstancias, que nos han gustado, que nos han hecho sentir bien, felices, y descartar los negativos.  
El profesor Héctor Galván afirma que nuestros pensamientos negativos son los primeros y más duros enemigos de nuestra propia felicidad.  

Nos convertimos en enemigos de nosotros mismos cuando experimentamos sentimientos de rechazo frente a lo que somos, pensamos o sentimos, saboteando nuestras mejores ocasiones de dicha para no dejar nunca de sentirnos víctimas.  

La vida será para ti maravillosa si a tu mejor amigo lo encuentras, más que afuera, dentro de ti,  en tu propio yo.   Hay quien encuentra en ello la mejor definición de Felicidad.    Estar en paz consigo mismo es una de las sensaciones más plenas y gratificantes que el ser humano puede experimentar.   Aceptarse y quererse es condición indispensable para aceptar y querer a los demás.  Si quieres ser feliz, sé tu mejor amigo.  
        
Concluimos  actitudes prácticas para amar la vida:  valorar y agradecer lo que tenemos; saber que las cosas pasan y la adversidad no llega para quedarse;   actitudes positivas, esperanzadas, manteniéndose receptivos para lo mejor;  recordar,  saborear,  disfrutar las cosas buenas de la vida,  dejando de lado las negativas;  saber aceptar,  perdonar a nosotros mismos y a los demás; vivir  el aquí y ahora,  sin dar vueltas al dolor o al miedo, confiar;  cultivar la amistad con nosotros mismos y ser tu mejor amigo.