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domingo, 4 de agosto de 2024

LIBERTAD Y LIBERACIÓN



Es distinto.  La libertad se mueve en el mundo de las apariencias concretas, la liberación es más profunda. Lo que entendemos por libertad, ese libre albedrío del cual el ser humano  hace siempre gala y defiende con uñas y dientes, no es tan libre como creemos.   
Una persona puede creer actuar con libertad y ser un auténtico esclavo condicionado, manipulado, sin darse cuenta, por mil  circunstancias o factores, más o menos sutiles o conscientes, que controlan su vida.   
 La liberación es más profunda y atañe al ser;  se topa con limitaciones y puede parecer no libre a veces, no siempre se puede todo.  Pero ha conseguido la libertad que realmente vale y sí  puede con todo:  poder elegir  -entre lo posible- lo que más conviene. 

Decía Franz Grillparzer, las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos, es la mente la que hace al ser humano libre o esclavo.  Nuestra actitud de cada momento es la que en realidad va conduciendo nuestra vida, día tras día, conformando nuestra existencia. 

La libertad efectiva, a nivel práctico, estará siempre acotada por alguna parte en nuestra existencia.  Condiciona nuestra genética, nuestra historia de vida, estado físico,  nivel de inteligencia, temperamento; nuestra economía, cultura, principios y valores... además de las circunstancias del día a día.   El arte libre de la vida -conociéndose a sí mismo- estará siempre en disfrutar y agradecer lo que sí podemos y tenemos,  sin dejar de intentar lo que queremos y nos gustaría, pero con corazón desprendido, lo logremos o no.  Y seguir adelante. 

La liberación profunda del ser permite estar por encima de libertades cotidianas, condicionamientos o limitaciones, se conecta profundamente con la paz psicológica y se mantiene siempre  serena, positiva, activa y esperanzada. 

Para conseguir esta liberación, respira hondo,  agradece lo que tienes, y en lo que puedas, procura cosas que te hagan bien,  te favorezcan,  gratifiquen y hagan feliz.  Y aunque no parezcas  experimentar felicidad subjetiva, agradece igual.   La conformidad positiva con lo que hay, con lo bueno que sí tienes,  te libera.  No te importe asumir riesgos si algo bueno está en juego, asumiendo la posibilidad de equivocarte (permiso para errar), sabiendo que, si ocurre, esto mismo es experiencia importante de vida y aprendizaje. 

Cuídate física y mentalmente, si sabes hacerlo espiritualmente, trabájalo también:  busca momentos de silencio, de paz y encuentro contigo mismo, medita, reza, contacta con todo aquello que es más grande y  fuerte que tú.  
El contacto interior con aquello que nos sobrepasa nos hace sentir pequeños y vulnerables, pero protegidos y acompañados; deviene fuente de paz y  nos libera.  Nos hace comprender que no siempre tenemos control completo  sobre nuestra propia vida, pero la misma Vida, con mayúsculas, si confiamos en ella, nos lleva y nos protege.  




martes, 28 de marzo de 2023

LIBRES PARA ELEGIR

 



En el gran debate de la vida que supone la libertad humana,  podemos alegar  que no siempre vivimos lo que queremos, que las circunstancias de la vida van llegando sin nuestro permiso  y que nuestro debilitado y limitado  poder de reacción no nos permite a menudo actuar como quisiéramos.  

Pensamos así que las circunstancias van a condicionar siempre nuestro talante, nuestro humor, nuestra motivación...  Y si la adversidad llama demasiadas veces a nuestra puerta,  el determinismo de la tristeza, inseguridad  e indefensIón  nos esclavizarán a sus emociones más negativas. 

Es decir, pensamos a veces que es imposible el mínimo ejercicio de la libertad,  cuando en el fondo sí podemos y lo somos más que nunca.  Por otro lado,  creemos ser libres, cuando en realidad no lo somos, sutilmente condicionados y esclavizados por  factores  que nos manejan subliminalmente sin que lleguemos a sospecharlo en absoluto.  

Veamos lo que sí podemos controlar: una mañana, antes de levantarnos  un día torpe y gris, poblado de obstáculos  e ingratas contradicciones;   aquí, podemos elegir con libertad clarísima:  dejarnos abatir o bien plantar cara a la vida y vestirnos de sonrisa.   Nada ni nadie nos lo va a impedir, es un puro acto de libertad que puede cambiarnos el día y también la trayectoria vital, orientándola en  dirección más venturosa.   Y mantenemos la intención de sonreír,  de confiar,  aunque extrañe a algunos y no se entienda.  Seguimos adelante. 

Ante una ofensa,  faena o traición dolorosa que alguien nos hace,  pasado el primer momento de dolor e indignación, una vez más, conscientemente, podemos elegir:  dar vueltas al tema,  amasando la amargura, el rencor, con secretos deseos de venganza;  o bien,  pasar del tema,  acoger la realidad sin dejar que nos dañe,  pensar que el otro pasa un tiempo malo,  tiene problemas, se agobia,  y en un momento dado, vuelca todo el miedo, la rabia y el dolor de su propia herida, sobre el primero que encuentra.   Tampoco hemos de cerrarnos a lo que nos puede aportar y enseñar el que nos hiere, nos guste o no, pero una vez  analizada la situación, no hay que  dejarse contaminar por su problema, no es nuestro  y es él quien lo debe resolver.  
Extraer lecciones constructiva y seguir la vida.   Esta es nuestra libertad, lo contrario, esclavitud. 

Concluyendo,  no somos libres para elegir las circunstancias de la vida y situaciones que nos llegan en ella, pero sí somos libres de elegir las actitudes, esta es nuestra libertad.   Etty Hillesum eligió la deportación nazi  para poder ser bálsamo para  las heridas de los que sufren... y murió finalmente asesinada en el campo de concentración de Auschwitz.

Pero en su voluntad de bien a otros, aun en circunstancias abominables, fue capaz de decir:  "me doy cuenta de que dondequiera haya seres humanos hay vida" "la vida es bella y llena de sentido".

Esto es  libertad en su máxima expresión.








sábado, 3 de diciembre de 2022

LO QUE NOS GUSTARÍA

 


Tantas veces nos gustarían las cosas de una manera y parece  la vida empeñada en no concederlo nunca.   Y no hablo de grandes ambiciones, sino de la prosa sencilla, especialmente relacional y cotidiana de esta vida, en ocasiones difícil, complicada o poco grata.  

Cuesta entender cómo si nosotros nos portamos razonablemente bien con las personas, por qué a veces nos ignoran;  somos responsables y ellos no,  amables, pero ellos tampoco... Se requiere  respuesta para algo y nunca llega,  confiar en alguien, pero no es posible. 
O bien, a nivel particular, quieres dar siempre lo mejor de ti mismo y  cuando menos esperas,  salta algún resorte oculto, imprevisto, que te ensombrece el corazón y enrarece un ambiente delicado que pretendías especialmente cuidar.  

Pequeños detallitos de la vida, sucesos o relaciones que dificultan las cosas y nos hacen acabar el día con el alma cansada y herida.  Sentimos la tentación del bloqueo interior, mental y emocional,  pasar y dar la espalda a todo.    

La vida es maestra y también testaruda.  En circunstancias adversas, suele querer enseñarnos algo, y repetirá situaciones similares una y otra vez hasta que aprendamos a superarlas... Al menos, con actitudes correctas. Un simple cambio de mirada nos hace relativizar muchas cosas y centrarnos en lo esencial, lo cual, a su vez y paradójicamente, suele ser clave para encontrar soluciones prácticas adecuadas en cada momento de dificultad. 

Cuando la negatividad  azota, oscurecemos la mente y corazón sin ver la cantidad de luz, bondad y bien que nos rodea.  En estas situaciones,  hay que reforzar, agradecidos, lo que sí tenemos y, haciendo lo posible por obtener lo que nos  falta,  relativizar lo que no esté a nuestro alcance.    

Cuando son personas las que duelen, quebrando nuestra confianza y nos descolocan, el ejercicio de respeto ante la libertad del otro puede ser heroico.  No sabemos lo que viven los demás,  sus preocupaciones y condicionamientos, qué les impulsa a obrar de manera no prevista, no podemos poner al otro siempre bajo el punto de mira  de nuestro control.  Agradecemos las personas previsibles, porque se hacen confiables, ofrecen paz y seguridad.  Pero hay que ofrecer espacios de aceptación y tolerancia para los que no son así,  permitir sus procesos personales, procurando que no nos hieran ni  afecten.  Y, una vez más, reconocer y agradecer lo bueno que que sí nos aportan, que a veces queda oscurecido por lo que parece nos falta de ellos.  En esos momentos, es todo lo que pueden dar,  hay que aceptarlo y agradecerlo así. 

Por parte nuestra, siguiendo la regla de oro de la convivencia humana,  hacer nosotros por los demás lo que nos gustaría nos hicieran... y en general,  paz-ciencia (con nosotros mismos y con todo). Seguir la vida, contando con aquello y aquellos con los que se puede contar, agradecer lo que siempre hay y está  y prescindir, comprensivamente, de lo que en ese momento está en otra versión de su realidad. 
 




jueves, 29 de abril de 2021

CONOCER LA LIBERTAD

 


 La libertad es un constructo difícil de definir.  Sabemos que  puede leerse desde diversas perspectivas,  aparentemente contradictorias,  pero que confluyen conjuntamente hacia la  autenticidad  del Ser.

Podemos pensar en la libertad exterior la cual,  nos guste o no,  estará siempre condicionada por la convivencia en sociedad.   Suele regularse por leyes sociales y de educación, que procuran justicia y derechos para todos. 

Pero podemos pensar también en la libertad interior, esa que nadie puede acotar salvo la propia mente,  que puede convertirse en nuestro principal dictador.   Los pensamientos incontrolados nos esclavizan.  La libertad supondría distanciarse de ellos, junto a las emociones que suscitan,  para que una mente razonable, objetiva y serena fuera quien tomara las decisiones.  

La mente  se alimenta a veces del parecer y opiniones de los demás,  del monopolio de las ideologías o de la presión de modas o poderosos.   La verdadera libertad exonera de todo ello,  la conciencia vuela libre y decide,  entre toda posibilidad,  lo que más le conviene en cada momento. No debemos ceder a otros el poder sobre nosotros mismos.  Esta libertad  conecta con el Ser y es la que más felices nos puede hacer:  existe un espacio profundo en nosotros mismos contra el cual no puede atentar ninguna fuerza, dominación, imposición o circunstancia adversa  exterior.   Es nuestro reino personal, nuestra fortaleza blindada, llena de paz, luz y confianza,  verdadero refugio cuando exteriormente no vislumbramos la salida.  

Ser dueños de nosotros mismos, de nuestros estados anímicos,  es un privilegio que vale la pena  conseguir, porque cambia la vida y nos hace experimentar una libertad auténtica.  Esto significa tener la capacidad de elegir lo que sentimos en cada circunstancia de la vida.  De no dejarnos atrapar por  pensamientos que generan en nosotros  emociones  negativas (a veces no los podemos ahuyentar,  pero sí podemos elegir no hacerles caso).  Y por otro lado, la elección (decisión) consciente de cultivar y entrenar  pensamientos positivos y esperanzados que, sin dejar de ser realistas,  ayudan a vivir la vida de manera constructiva y gratificante.

La libertad debe asumir también la posibilidad de equivocarse.  La vida y las decisiones que se van  tomando  conllevan, habitualmente, un cierto riesgo del que hay que ser conscientes; hay que saber aceptar toda posible consecuencia y crecer a través de ello.  Es la valentía de ser libre,  con sus costes y beneficios.  Saber que podemos fallar,  pero volveremos a intentarlo.  

 La responsabilidad ha de ir, no obstante,  por delante de toda libertad, de manera razonable.  A menudo,  renunciamos a ciertas cosas que apetecen,  porque otras nos parecen, éticamente, más importantes. Sin embargo,  esta capacidad también necesita libertad,  la libertad de renunciar a nosotros mismos,  nuestras apetencias,  cuando no convienen a nosotros mismos o a otros.  

 De aquí que también se diga:  mi libertad acaba donde empiezan la libertad, derecho y dignidad de los demás. 




lunes, 16 de diciembre de 2019

MIEDO AL RECHAZO



¿Sientes miedo al rechazo?

En mayor o menor grado,  es un problema muy común en las personas,  que interfiere a menudo su sociabilidad,  su rendimiento laboral,  su propia sensación  de libertad, de autenticidad, de felicidad  y su propia autoestima. 

  Las posibles heridas  adultas a este nivel tienen su origen,  frecuentemente,  en sensaciones,  experiencias olvidadas,  inconscientes,  de la primera infancia.   Es probable,  también,  que en otros momentos de la vida  que sí se recuerdan, se  hayan repetido los mismos patrones reforzando la sensación y el sentimiento de inseguridad,  generando un irracional  "miedo al rechazo"  

Es un problema que conviene tratar y trabajar personalmente  para una vida más saludable, gratificante y plena.  No dudes que tiene remedio y que vale la pena buscarlo.   

Sabemos que el lenguaje es controlador,  tanto el lenguaje exterior como el interior  el cual,  constantemente,  está "comentando" y dirigiendo nuestra conducta. 
 Si las personas no reaccionan con respecto a nosotros según nuestras expectativas,  podemos interpretar en ello un rechazo personal,  y nuestro habla interior no dejará de rumiar,  consciente o inconscientemente,  que algo hemos hecho mal  y la otra persona no ha respondido como debería por  "culpa" nuestra. 
Surgen emociones negativas  que generan ansiedad y hacemos por cambiar actitudes y conductas, aunque supongan traición a nosotros mismos,   para que el otro nos acoja.   

Por tanto,  el primer nivel a sanar es el mental, que se expresa por el habla interiorizada y necesitará una reestructuración  cognitiva elemental,  para darnos cuenta de que nunca podremos agradar ni satisfacer a todos. 

Es importante conceder de buen grado  a los demás su  libertad de criterio (con respecto a nosotros),  así como a nosotros mismos la libertad de conciencia necesaria para actuar según nosotros mismos,  no por el parecer subjetivo de otros. 
                                                             












  

domingo, 8 de abril de 2018

ENTENDERSE Y CONVIVIR


Sabemos bien que convivir es un arte. 
Y, como tal,   siempre mejorable  en belleza y creatividad.   Más allá del natural de cada uno, de su  mayor o menor grado de sensibilidad,  empatía y otras  habilidades sociales (HHSS),  la consciencia,  empeño  y voluntad  de todos los miembros son igualmente necesarios para fructificar.  Como decía un sabio,  la convivencia es un arte, pero antes de serlo, es una disciplina.

Para ello harán falta  aprendizajes que,  además de hacernos crecer y madurar, cuando se convierten en hábitos, nos mejorarán como personas y enriquecerán nuestra relacionabilidad.   

-Comunicar.   Imprescindible para el ser humano como criatura social, dotado, además,  de una capacidad de lenguaje único en la naturaleza.  Comunicación como expresar sencillo y asertivo,  pero también escucha atenta, acogedora y comprensiva del otro.  El diálogo es fundamental. 

-Compartir.  No solo lo material,  sino también vivencias, experiencias, sucesos cotidianos... Huir de todo egocentrismo y compartir el corazón a cualquier nivel. 

-Respetar.  Consideración hacia el otro,  aprecio,  valoración,  derecho a la libertad... (mientras que  no  tope con el  derecho de los demás).   

-Interactuar.  De manera habitual,  amable y  sencilla,  es capaz de sanear todos los ámbitos.  La sonrisa,  la cortesía,  la delicadeza... y esas tres palabras mágicas: gracias,  perdón, por favor...  obran milagros en ambientes y personas.

-Tolerancia y acogida. Las diferencias humanas deben ser causa de enriquecimiento mutuo,  no de división.  El otro  será siempre único  e irrepetible del que alguna cosa podré aprender.  

-Espíritu de paz  y no agresión   en circunstancias,  que siempre llegan,  de impaciencia o enojo. Aprender el control  de la ira  sin  llegar nunca al insulto o la descalificación.   Mejor  calmarse y en un momento tranquilo,  recurrir al diálogo sincero para aclarar la situación. 

-Cuidar a las personas,  interesarse por ellas.   Colaborar.   Distribuir equitativamente las tareas en ambientes compartidos. 

-Dar confianza y  libertad.  Pruebas  de amistad en todo y para todos. 

-Y aprender a dar siempre  lo mejor de nosotros mismos.

Esto vale,  tanto para el medio familiar,  como laboral,  como  en el círculo de amigos...  Por mucha confianza e intimidad que exista en la convivencia,  si se descuidan el respeto, el afecto y la amabilidad  (favorecidos por los factores  mencionados),  el ambiente degenera dejando  puerta abierta a toda clase de violencias y  tóxicos personales que vierten en el otro lo peor y más turbio del propio corazón.                                            


La convivencia es la gran maestra que nos enseñará mucho de paciencia,  ecuanimidad, autocontrol,  conocimiento propio y del otro, humildad,  tolerancia, respeto y un sinfín de valores más. 





martes, 4 de julio de 2017

LA ALEGRÍA DE LA LIBERTAD






Es muy fácil hablar de libertad,  y muy difícil  vivirla.

Sin embargo,  en ella nos va la vida y la  felicidad  verdadera:

Libertad más allá de  poder hacer "lo que se me antoje"  en cada impulso,  en cada momento.  

Libertad que trasciende  las pequeñas libertades humanas  y apunta  más lejos,  más alto,  más hondo.

Libertad que gozaron  Víctor Frankl  y Etty Hillesum en  campos de concentración nazi  (misteriosamente libres los más indignamente privados de ella).  

Libertad para elegir  actitud  cuando no podemos controlar  circunstancias:  paciencia para lo  inevitable  pero,   cuando  es posible,  esfuerzo máximo para  cambiar lo adverso.

Libertad para dibujar  sonrisas,  también  cuando no apetece,  pues  transformar positivamente el rostro cambia nuestra actitud. 

Libertad para levantarse  en cada tropiezo o caída  siguiendo adelante como si nada. 

Libertad para amar,  trocando, incluso,  el propio odio en amor.        
Libertad para aspirar al Infinito  sin atarse a una esclavitud mezquina  que impida  mirar a lo alto y crecer.

Libertad en  Vuelo que engrandece el ser  y procura  la paz.   


 Como dice el poeta: 

 "Libertad, 
             dame tus alas para romper cadenas, 
                                                         tu cielo para bendecir mi tierra..."