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jueves, 13 de febrero de 2025

MOLÉCULA DE LA ESPERANZA

 



Así  llaman a las mioquinas, "moléculas de la esperanza", para demostrar que el ser humano tiene correlatos fisiológicos a sus emociones, actitudes y situaciones anímicas, es el sustrato biológico que todo lo sostiene. Son moléculas bioactivas, que han demostrado su potencial en terapias regenerativas.  

En la Universidad de Copenhague, destacan su capacidad de mejorar la función cerebral,  reducir el riesgo de demencia y estrés; como antidepresivo natural, favorece el bienestar emocional, salud mental, aprendizaje y memoria; reduce la inflamación y mejora el sistema inmune.  El mejor regalo que podemos hacernos para sentirnos mejor.  

Aseguran que la mejor manera de liberarlas es con  ejercicio físico regular, favoreciendo la musculatura que las genera.  Ya se sabe que el ejercicio físico genera endorfinas, hormonas del bienestar,  pero la nueva bioquímica descubierta, conectando directamente actividad muscular y  cerebro,  suma factores positivos a sus inmensos  beneficios, para cuerpo, mente y psique.

Vale la pena, receta fácil, económica y gratificante, para una vida plena.  Acompañando una buena respiración, acompasada y honda (importante que sea abdominal, respirar con el estómago entona el cuerpo, calma la mente y la ansiedad),  caminar todos los días a buen ritmo, aparcar un poco el coche o el bus, subir y bajar escaleras en lugar de ascensor. O bien apuntarse a Pilates, yoga,  danza o natación. Toda aquella actividad que mueva el cuerpo con esfuerzo saludable -si es al aire libre, contactando naturaleza, mejor-  genera estos procesos bioquímicos maravillosos que garantizan salud, bienestar y las mejores actitudes de vida.

El sabio budismo zen exhorta: deja atrás lo que fue,  acepta lo que es y confía en lo que vendrá.  Actitud de vida interior liberadora, que con tiempos lúdicos de actividad física,  fraguan pilares sólidos que sostienen y construyen una vida sencillamente plena y feliz

                                                         



lunes, 2 de octubre de 2017

¿ESTÁS TRISTE?



A veces pasa... Pero no temas,  forma parte de la vida.  Solamente si se enquista, si se hace prevalente,  si sientes que te arrebata la vida,  absorbe largo tiempo tu alegría  y poco o nada te deja hacer en el día a día,  debes ponerte alerta y buscar remedio más allá de ti mismo.  Porque entonces no es tristeza, sino depresión, un trastorno  que necesita  ayuda.  

Reconocerás los síntomas:  llanto,  retraso psicomotor,  rostro abatido,  inapetencia,  sueño irregular, desgana y desmotivación general ante cualquier actividad,  rumiación mental en torno a lo que preocupa,  problemas de concentración, ...

Como malestar,  intentamos apartarlo,  arrancarlo de la vida,  pero hay que tener en cuenta que toda emoción es adaptativa, es decir,  se ha conservado a través de miles de años en la raza humana para favorecer  la supervivencia de la especie,  su adaptación y progreso.  Aunque parezca una paradoja,  es así.  La tristeza lanza un mensaje  útil  que contribuye al equilibrio psicológico de la persona en su caminar por la vida.  Las señales  que el cuerpo refleja y  percibe la persona sobre el propio estado (gracias a la propiocepción)  indican que algo no marcha bien en su  organismo psíquico, en sus relaciones con el entorno, en el afrontamiento de la vida,  y alertan para la intervención. La diversidad de emociones humanas estimula la toma de decisiones para adecuarse  a una realidad que se impone;  siendo la adaptación su utilidad prevalente. 

Por supuesto,  si algo de lo que acontece nos resulta adverso, hay que intentar cambiarlo por todas las vías posibles razonables.  Pero, si a pesar de los esfuerzos no se consigue,  no hay más remedio que adaptarse, aceptando la posible contrariedad  (minimizándola) y enfatizando  lo positivo de la nueva situación.  

Se ha demostrado que la tristeza,  al producir una "depresión" (ralentización)  anímica,  actúa como ahorrador de energías que se emplean en una reflexión interiorizada sobre las mejores salidas.   Al mismo tiempo, al conocer todo ser humano la tristeza por experiencia propia, puede empatizar con la tristeza del otro  suscitando redes de ayuda y solidaridad con  el que sufre. 

La utilidad de la tristeza estriba, pues, en que permite reorganizar la vida:  cambiar lo que se puede y  aceptar lo irremediable (con la pérdida,  fracaso o contradicción que conlleve), generando pensamientos alternativos  (positivos) que adoptan una perspectiva diversa de la misma realidad.   

Aceptar conscientemente la tristeza es de fuertes (no de débiles ni cobardes),  lo cual no significa hacer de ella una nueva "zona de confort" que nos atrape e impida salir de su envolvente red. Conforme se va reorganizando la vida en la nueva situación,  la persona se libera,  empieza a respirar mejor y va  recuperando   vida y  bienestar.  Así, aunque dolorosa, resulta emoción útil para minimizar  los daños que la vida  inflige a menudo en sus criaturas.   Expresar la tristeza,  no guardarla,  ayuda a superarla.  

Por otro lado, tanto la relajación como el ejercicio físico  son recursos terapéuticos elementales para la gestión de toda emoción lastrante; recobrando así,  poco a poco,  la energía y vitalidad perdidas. La alegría.  

domingo, 27 de agosto de 2017

EL ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS





Quisiera  traerte hoy un cuento de esos que enseñan para la vida.  Es del psicodramaturgo y terapeuta gestáltico Jorge Bucay:
<<El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja, acababa de finalizar su primer día de duro trabajo. Su cortadora eléctrica se había averiado, y le había hecho perder una hora de su trabajo, y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. 

Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.                   

Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.    

Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el coche.

Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad, y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

- "Ese es mi árbol de los problemas", contestó.

- "Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: los problemas no pertenecen ni a mi casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Después, por la mañana los recojo otra vez. Lo más divertido es que... cuando salgo a la mañana a recogerlos, ni remotamente encuentro tantos como los que recordaba haber dejado la noche anterior.">>


Toda vida humana pasa por situaciones difíciles y momentos de adversidad.  Pero, para el ideal de dar siempre lo mejor de sí mismo, como estrategia de vida que nos hace más felices (también a los demás),  hay que  preservar espacios para la desconexión: el cariño compartido, el esparcimiento físico y mental,  la sana alegría.  
Comprobaremos que, al retomar el afrontamiento de los problemas, los encontraremos con bastante menos carga amenazante y virulencia. 

Está demostrado que las dos mejores armas que liberan y protegen de cualquier clase de estrés son tanto el ejercicio físico, como  toda clase de contacto e interacción social amiga.