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sábado, 4 de noviembre de 2023

SOMOS LO QUE HACEMOS PARA CAMBIAR LO QUE SOMOS



 


Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

Este sustancioso e inspirador pensamiento de Eduardo Galeano no debe dejarnos indiferentes.  Nos mueve a trabajar en la vida, esforzarnos, implicarse en cambiar condiciones que no nos gustan mejorando nuestro yo,  del cual depende mucho acontecer que llega a nuestro día a día. 

 Lo que hacemos  tampoco tiene por qué ser grandes cosas sino detalles con nosotros mismos y los demás, que entrarán siempre en la órbita del amor: atención, generosidad, paciencia, amabilidad 
(por favor, gracias o lo siento favorecen la salud mental propia y ajena); delicadeza, esfuerzo, responsabilidad,  colaboración, empatía, interés sincero por el otro y deseo de ayudar...   Pequeños ejercicios cotidianos, de todo ello, con  nosotros mismos  y con los demás, podrían sorprendernos en sus resultados si los trabajamos con sencillez y perseverancia día tras día. 
No cuesta nada intentarlo, se trata de aceptar el reto.  

Porque creemos a menudo que es imposible cambiar la realidad, pero en verdad podemos mucho más de lo que creemos: Cuando nada parece cambiar, si  tú cambias todo cambia.  

Nos parece a menudo que ante una situación adversa, no hay más reacción que la pesadumbre, el victimismo, la impotencia, la rabia,  la frustración, la violencia interior agresiva o la depresión. 
Pero Víctor Frankl demuestra, en su incomparable  Escuela de Sentido, que entre el estímulo adverso y la respuesta humana existe siempre un pequeño espacio, un tiempo de latencia ofrecido a nuestra libertad. Esa libertad que nada ni nadie nos puede quitar, la libertad de elegir mi actitud ante cualquier revés:  puedo negarlo, enfurecerme, desesperar ... o puedo aceptar, respirar hondo y pensar si tengo alguna manera de mejorar la situación.

Sin perder nunca de vista aquello que, a pesar del contratiempo, aún nos queda y nos sostiene; libres, así,  para recordar nuestra fuerza, sonreír, luchar o confiar y esperar.  

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos,  en busca, siempre, de lo mejor de nosotros mismos y de los demás, ese descubrimiento del ser, con sus tan a menudo desconocidas habilidades, fortalezas y talentos, que nos hacen mejores personas, en beneficio propio y de los que nos rodean. 





domingo, 26 de agosto de 2018

AUTOACEPTACIÓN




Aceptarse a sí mismo  se impone como tarea básica.  Indispensable en todo ser humano que crece y quiere avanzar en el equilibrio Integrado del ser,  en su compleja simplicidad.  

La maduración evolutiva del ser humano  parte, necesariamente,  de la Autoaceptación:  cimiento y  escalón primero del recto amor a uno mismo.  Sin autoengaños.    A partir de ahí,  ya se puede construir, potenciando lo mejor de sí y trabajando lo que nos pesa con reconocimiento sencillo y paciencia.  

Albert Ellis,  que llegó a ser considerado uno de los psicoterapeutas más influyentes de la historia,  innovando con su apuesta racional  (emotiva, cognitiva conductual) el mundo de la terapia psicológica,  definía Autoaceptación :  “ la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no su aprobación, su respeto y su amor“.   
   
Conseguir de manera estable  este logro  para la propia vida proporciona paz interior,  serenidad mental y espiritual,  liberando  barreras psicológicas y sociales.   Enseña el autoperdón,  la reconciliación profunda consigo mismo y con los demás.   Lo cual tampoco significa "aferrarse" a las propias limitaciones y carencias renunciando a moverse,  crecer y evolucionar,  pues como el mismo   Carl G. Jung  diría   lo que aceptamos nos transforma, siendo la autoaceptación, por  tanto,  el paso previo para el cambio. 

Por ello,  la no aceptación de sí,   como la resignación castrante y  desesperanzada  ante los propios fallos y  carencias   pueden convertirse en peligrosas zonas de confort de las que hay que liberarse.  Una aceptación paralizante de las propias limitaciones nunca será verdadera autoaceptación, pues  ésta  siempre dinamiza.   Como decía Donald Walters, encontrarás la paz, no escapando de tus problemas sino enfrentándolos valerosamente;  encontrarás la paz, no en la negación,  sino en la victoria.

La persona que desea vivir Consciente y con la mirada Despierta dispone  de herramientas preciosas y  valiosas  para la tarea:  Luz clara para una visión objetiva sobre sí mismo;  Reconocimiento sencillo  y  Confianza.   

 Hay que emplearse a fondo en todo ello y hacerlo valer,  porque nos dará alas sin despegar de la tierra;  volaremos sin renunciar al suelo que nos sostiene y necesitamos pisar con firmeza y convicción.