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domingo, 9 de julio de 2023

LOS DEMÁS

 


Los demás,  seres humanos que nos rodean.   Que pueden ser "tús" o "ellos",  según interactuemos o no con estas personas.  Que vendrían a ser,  de alguna manera,  como una prolongación de nuestro propio yo,  en distintas circunstancias de vida,  sociales, culturales...  
Los necesitamos para conocernos a nosotros mismos y nos mejoran siempre que les hacemos bien, pero de los cuales hemos de sentirnos libres en el criterio y en el afecto,  para poder ser auténticos y vivir felices.   La dependencia emocional  de su juicio o afección puede esclavizarnos,  impedir nuestro crecimiento y no dejarnos madurar.  

Hemos de aprender a situarnos ante ellos,  de igual a igual, más allá de su condición o situación, en cualquier sentido.  Algo humano nos une,  lo cual es imposible, al mismo nivel, con ninguna otra criatura viva.   No podemos despreciar a nadie ni tampoco endiosar a nadie, son miradas inexactas que proyectan sus propias carencias.  

Hay que mantenerse alerta, también, ante apariencias,  tan engañosas a veces, que fomentan las redes sociales, lo cual obsesiona a muchos, imponiendo retos frívolos,  que desorientan a las personas, despistando su verdadero camino de crecimiento y despertar.   No permiten la autenticidad del yo ni generan vínculos sinceros y constructivos,  más allá del postureo y  ansioso like de los demás. 
Hay que desenmascarar aquí carencias,  egoísmos, falsas relaciones,  falsas "compañías" que si no detectamos a tiempo, nos destruyen. 

El ejercicio de descubrir al otro, en el tú a tú,  como alguien irrepetible y valioso  (sin importar orígenes, condición de vida,  nivel social o cultura),  es siempre enriquecedor.  Hay que superar la mirada prejuiciosa habitual,  que clasifica en falso a las personas,  y transformarla en mirada limpia, nueva, que intenta buscar y encontrar lo mejor del otro, aquello que  aporta y enriquece nuestra vida.

Aunque cueste a veces verlo,   siempre está,  hay que descubrirlo. Las heridas de la vida pueden entorpecer la mirada,  pero una vez sanan, somos capaces de mirar y ver a las personas,  incluso las de toda la vida, de una manera nueva. 

De todas formas,  hasta sentirnos suficientemente fuertes y  seguros,  es mejor alejarse de personas y vínculos tóxicos, que nos esclavicen, que nos hagan excesivamente dependientes  y ahoguen sin sentido el propio yo.   Estas personas también nos enseñan, pero se aprende mejor fuera de su alcance.  Lo que nos afecta y agrede de ellos  no es maldad, sino sus propias inmadureces y heridas, que hay que aprender a gestionar con inteligencia y comprensión,  cuando están irremediablemente cerca;  pero en lo posible, es preferible situarse lejos de su radio tóxico de acción.  

Busca conectar con personas vitamina, esas que sacan lo mejor de nosotros mismos,  que suman lo suyo a lo nuestro, que nos aportan y les podemos aportar,  que no nos disminuyen ni se disminuyen.  Un arte y un reto relacional,  amistoso  y afectivo, a plantearse en la vida. 

Todo buen ejercicio relacional  nos hace crecer como personas y como sociedad.






domingo, 28 de abril de 2019

SOLEDAD





No es fácil la Soledad.  

Pero resulta un buen aprendizaje existencial porque,  antes o después, la vida nos enfrenta a ella.  
El miedo a la soledad,  como prejuicio,  tiene que ver con la sensación de precariedad y abandono.   Al pasar crudamente por ella,  el ser humano descubre y conciencia en propia carne, la propia contingencia.  

Asumiendo que toda experiencia humana,  consciente e integrada,  resulta siempre adaptativa,  la consecuencia de no saber asumir saludablemente ese miedo supondrá una incapacidad para buenas y auténticas relaciones  (agobiadas por el temor de perderlas),  generando personas dependientes emocionales.     Un buen aprendizaje,  constructivo,  aparte de profundizar en el difícil e importantísimo conocimiento de sí mismo,  ayuda a encontrarse con el otro,  no a nivel epidérmico y superficial,  sino desde lo hondo,  estableciendo relaciones y amistad  satisfactorias y  gratificantes. 

Somos seres sociales y necesitamos a los demás,  personas  que  hacen espejo de nosotros mismos,  que nos acompañan en la vida e interactúan con nosotros,  que nos hace sentir mejor o peor...   Pero que  al menos nos hace sentir,  y esto nos mantiene vivos.     
Pero, por otro lado,  el conocer la Soledad  y tenerla por amiga  ayuda a conocernos mejor  y a ser más receptivos al otro en situaciones similares.  En la misma medida que nuestra alma se hace más profunda y se conoce,  aumenta nuestra empatía hacia el semejante.   

En soledad se escuchan muchos sonidos que normalmente ignoramos.  Pero la verdadera armonía nos sorprende cuando hacemos vibrar el Yo más profundo que nos habita.   
Si has de pasar necesariamente por ella,  el saber asumirla en paz es fundamental para que no te dañe:   aceptarla,  construir con ella y ser creativo.  Escucha su rumor profundo y su mensaje.  Aprende a conocerte,  lo que te gusta y lo que no,  a saber quién eres y qué quieres en la vida.   
Es tan valiosa la Soledad,  junto al Silencio que acompaña,  que muchos la buscan expresamente  para conocer mejor su corazón y escucharlo. Pero también,  para encontrar  allí al Otro,   y reconocerlo como una prolongación del propio yo.