Gracias, por favor, lo siento.
Son palabras mágicas. Facilitan las relaciones humanas, ayudan a sacar lo mejor de sí mismo y de los demás, brindando personas más felices.
Dicen que la amabilidad es una fuerza que derriba cualquier muro. Pretendemos enseñársela a los niños, que luego no ven en nosotros su refrendo, ningún espejo que vaya delante con el ejemplo.
Gracias, por favor, lo siento, expresan respeto y afecto por el otro, hacen mejores personas y mejoran a los demás. Personas amables son bálsamo en los conflictos.
A veces pensamos que suponen un esfuerzo innecesario y 'melifluo', pero lo cierto es que supone una disciplina, un estilo de vivir responsable, que ayuda la propia vida y la ajena. Implica autocontrol y una inteligencia emocional cultivada. Además de seguridad en sí mismo, empatía y valoración del otro.
Hay más beneficios de la amabilidad a tener en cuenta: promueve la salud física y mental, actuando como regulador emocional natural, reduciendo la ansiedad y la depresión. Libera neurotransmisores (oxitocina, serotonina y dopamina), que aumentan el bienestar, la autoestima y la sensación de felicidad. Reduce el estrés, aumenta la satisfacción vital y el optimismo, facilita la convivencia, despierta buenos sentimientos en las personas y facilita la convivencia. Las emociones positivas que genera protegen de las negativas.
Decía Schopenhauer "La amabilidad es como una almohadilla, aunque no tenga nada por dentro, amortigua los embates de la vida".
Y volviendo al principio: dar las gracias, pedir las cosas por favor, decir perdón o lo siento, cuando afectamos a alguien sin querer...
Contestar correos o mensajes personales (sin procastinar) como hábito sencillo de respeto y cohesión social -no hacen falta a veces muchas palabras, bastaría una sola o breve emoticón- mantiene vínculos saludables entre personas saludables...
Afirman la importante red social que nos rodea y construye personas beneficiosas que consolidarán mejores sociedades.