"Piensa bien y te sentirás mejor" expresaría como lema el núcleo denso de la Psicología cognitivo-conductual, que busca el equilibrio emocional mediante la reflexión, la visualización y la acción. Como dice un proverbio chino "no podemos evitar que los pájaros de la tristeza sobrevuelen nuestras cabezas, pero sí podemos impedir que aniden en nuestros cabellos"
Y Maslow, el psicólogo que estableció la pirámide de necesidades básicas humanas, afirmaba: "Es imposible la salud psicológica, a no ser que lo esencial de la persona sea fundamentalmente amado, aceptado y respetado por otros y por ella misma"
Con lo cual, hay que pensar bien de nosotros mismos, es decir, querernos, valorarnos con objetividad positiva, asumiendo imperfección e insuficiencias (no somos perfectos) para construir un yo saludable e integrado. Y esto no es contrario a la humildad, pues como diría Teresa de Jesús, "humildad es andar en verdad" y por tanto, no hay que permitir al "fantasma del egoísmo ahuyentar el sano amor a sí mismo" (G. Monge)
La autoestima supone, así, un conjunto de percepciones evaluativas, sentimientos y tendencias conductuales que vamos construyendo sobre nosotros mismos (autoimagen) a todos los niveles. Es inherente al ser humano, es decir, siempre existe, ya sea alta o baja, positiva o negativa. Por eso es importante situarla adecuadamente, de manera realista, y valorarla para potenciar lo mejor de nosotros mismos, intentando superar en lo posible nuestras deficiencias y aceptando en paz lo que no podemos cambiar.
La autoestima positiva y razonable es necesaria para una vida saludable, para poder luchar contra la adversidad y ser resiliente, para relacionarse de manera equilibrada, para un aprendizaje consistente en la escuela de la vida...
Como decía P. Solignac: "Conozco una sola definición de la felicidad: Ser un buen amigo de sí mismo".



