De vez en cuando, en la vida, hace falta desconectar, hacer cosas distintas, cambiar de ambiente, modificar rutinas. Sobre todo, en momentos de saturación, energías que se agotan y urge restaurarlas.
Supone un refresco tanto cognitivo como emocional, que ayuda a adquirir nuevas perspectivas, a veces muy necesarias, para resituar la propia vida y seguir el camino. Clave para ser feliz.
Hay muchas maneras de desconectar. Si no es posible cambiar de ambiente, se puede alterar alguna rutina por otra saludable y gratificante. O cerrar los ojos en diversos momentos del día, respirar hondo y conectar consigo mismo en lo profundo. Si es posible un espacio mayor de tiempo al día para para el tú contigo, mejor. Se trata de relajar la mente, la emoción, centrarse en el presente (lo único que en verdad existe) y Confiar.
Hay técnicas diversas. El mindfulness o atención plena enseña a concentrarse en el momento presente, sensorialmente conscientes, alejando pensamientos, dejándolos correr como nubes al viento. Estar donde se está y hacer lo que se hace.
Otra técnica del norte de Europa, método niksen, verbo holandés: "no hacer nada" viene a ser el 'dolce far niente' italiano del sur, elogiando el tiempo libre, ocioso, dedicado a pensar, descansar y renovar el cuerpo sin sentimiento de culpabilidad. El sabio "perder el tiempo" sin presión de eficacia o esclavitud productiva recupera tensiones o enfermedades, devuelve el equilibrio personal, conecta con lo que más importa (nosotros mismos) en introspección, el cerebro se hace más creativo, se reduce el estrés, ayuda la claridad de ideas y mejores decisiones; a diferencia del mindfulness, la mente vaga libre, sin ataduras, priorizando pensamientos gratificantes y vitalizantes.
Otra dimensión de la desconexión, cuando es posible, es la actividad diferente en lugares diferentes. Es el sentido de la vacación, un viaje, relacionarse más o, sencillamente, apuntarse a actividades nuevas. El conocer nuevos ambientes, personas y situaciones enseña al cerebro a distanciarse y relativizar el peso saturado de habituales rutinas, generar nuevas conexiones neuronales y mirar las cosas de siempre con una perspectiva nueva.
Todo suma e importa para asegurar un estilo de vida saludable que garantice su calidad y equilibrio, compensando estrés y preocupaciones normales de la vida en un mundo difícil y complejo.