martes, 31 de agosto de 2021

NO TANTO EL QUÉ, SINO EL CÓMO

 



"De la misma manera que la naturaleza se apodera de todo obstáculo que se le opone en el camino y lo convierte en provecho suyo, colocándolo en el orden de su destino y haciéndolo parte suya, de igual suerte el ser racional puede hacer que todo obstáculo le sea materia de virtud y valerse del mismo según le acomodare".

Esta frase del sabio, filósofo y emperador de la gran Roma, Marco Aurelio, resulta, también para hoy, un moderno  referente
Según sus palabras, el reto inteligente para todo ser humano, viviendo en un mundo difícil,  pasará siempre por aprender de la Naturaleza, sorteando obstáculos con habilidad y, cuando no fuera posible, asumirlos y convertir  cada adversidad en un escalón para crecer.  Por eso no importa tanto el qué se vive sino el cómo se vive.  
                                                                                                                       
Es decir,  la vida es como es y viene como viene,  debiendo estar siempre preparados para sobrevivir en ella de manera digna y gratificante, más allá de todo contratiempo.   Observa lo que dice:  la naturaleza se apodera de todo obstáculo y lo convierte en provecho suyo.   Esto es inteligencia creativa y  constructiva,  que saca utilidad de lo que acontece, grato o adverso, todo sirve para crecer y consolidar el humano ser:  fortalecer la psique, aceptar la vida, confiar a pesar de no poder controlarlo todo, saber que ni bien ni mal se quedan para siempre y mantener firme la esperanza de lo bueno que llegará.  

La puerta de entrada de todas estas actitudes estará siempre en la mente, el  pensamiento, que no para de hablar en nosotros como lenguaje interior, condicionando  nuestras conductas.  No nos damos cuenta, pero es importante despertar la conciencia a esta realidad, observando cómo la mente se hace puerta y  llave de autorregulación y autocontrol:  

Podemos consentir que un pensamiento se mantenga rumiando ideas negativas, desesperadas, o bien alentarlo con reflexiones constructivas, pacíficas, perdonadoras, esperanzadoras, motivadoras.  Los automensajes que nos brindamos en nuestro día a día pueden ser demoledores / autodestructivos o claramente saludables y sanadores, con la fuerza necesaria  para salir adelante  y poder con todo. 
Por esta razón el sabio emperador añadiría: "tu felicidad dependerá de la calidad de tus pensamientos". 

Y como último secreto estratégico, clave de fondo para mucha felicidad añadida, concluye el filósofo  aconsejando: "Acomódate a las cosas que la suerte te ha destinado, y ama con verdadero amor a las personas con quienes debes convivir".    

Con otras palabras decimos también hoy:  ama el lugar que habitas, ama lo que haces, ama las personas que te rodean más o menos cercanamente. 

Porque todo ocurre por algo y para algo bueno (si te  propones verlo). Ser consciente de ello  te sitúa en línea con el Universo,  con el curso de la vida, sabia y maestra, que todo lo dispone para nuestro aprendizaje, crecimiento y maduración, así aceptarás lo que vaya llegando a tu existencia como un talismán,  que sumará siempre a tu favor.  
 
                                               

                                                        




domingo, 4 de julio de 2021

ANTE LA NEGATIVIDAD DE LA VIDA

 


Sabemos que la vida es  para todos una botella a medio llenar,  una moneda de dos caras...  diversas analogías podrían describir la misma realidad.   Es decir,  no hay felicidad completa,  no hay bien ni mal que cien años dure y lo perfecto estable no existe en la tierra. Esto es lo real.  Sin embargo,  muchas personas, a pesar de los vaivenes de la vida, se autodefinen como felices.  

 Entonces,  si la felicidad no puede supeditarse a lo que acontece, a lo que tengo o dejo de tener, a lo que quiero o dejo de querer... ¿de qué depende?  Pues si  no puede atribuirse directamente a lo de fuera significa que está supeditada a  nosotros mismos,  a nuestro grado de aceptación de aquello inevitable que acontece, al reconocimiento, aprecio, valoración y gratitud por lo que sí tenemos.

Pero esta actitud humana positiva, fundamental para una vida plena, motivada y con Sentido, no siempre viene dada.  Entonces hay que tomar la decisión de aprenderla, entrenarla y trabajarla. 

Si somos  personas habituadas a mirar el pasado con dolor o al que nos ofende con rabia, ira o rencor, estaremos muy mal pertrechados para la vida;  se nos hará amarga, dura y difícil, alimentando un resentimiento que,  lejos de afectar al que nos hiere o de cambiar lo que nos disgusta,  nos destruirá.  La rumiación, ese dar vueltas y  vueltas a pensamientos negativos que acaban obsesionando, son una jaula letal,  que nos esclaviza sin salida ni haber resuelto nada  (difiere de la reflexión,  que tiene como objetivo la solución de problemas). 

Los pensamientos negativos son involuntarios (no deben culpabilizarnos),  pero lo que más importa es no creerlos, nunca tenerlos por verdaderos.  Si les damos alas y los alimentamos, la trampa que nos tienden puede ser mortal. 

¿Y cómo se controla esto?  

 En primer lugar,  siendo conscientes de la puerta de entrada de estos sentimientos y emociones negativas:  la actividad mental del pensamiento.    Pensamientos que se cuelan sin permiso en nuestra mente y nos amargan la vida.   Para alejarlos de nosotros,  el afrontamiento directo  no suele ser eficaz, al contrario,  puede hacerlos más obsesivos y recalcitrantes.   Es mejor aceptarlos con paz, y luego "invitarlos" a salir de tu vida, de tu mente,  procurando distracción con alguna actividad gratificante. 

 También existen estrategias:  imaginar que los escribes en un papel  (o hacerlo directamente) y luego lo destruyes.  O con la respiración:  aspira de tu entorno lo bello y armonioso, lo amable, grato,   y espira toda posible negatividad que,  fuera de tu mente,  se desvanecerá en el éter .  Hay que reaccionar  con pensamientos positivos,  relativizando lo que dice el pensar sombrío,  fijándonos en lo que sí tenemos de gratificante en nuestra botella para vencer la fijación que produce la parte vacía. 

 Hay que concederse a sí mismo la posibilidad de error sin torturarse, aceptar en paz que nos podemos equivocar y aprender de la experiencia.  Manteniendo la alerta,  para volver a repetir la operación en cuanto los malos pensamientos se infiltren de nuevo,  intentando provocar el caos y la tormenta del corazón. 

Cambiando la forma de pensar,  cambiaremos nuestra forma de sentir y nuestra manera de actuar.   Por eso importa tanto controlar lo que pensamos, si nos interesa una vida feliz para nosotros y para los que nos rodean. 




  

jueves, 29 de abril de 2021

CONOCER LA LIBERTAD

 


 La libertad es un constructo difícil de definir.  Sabemos que  puede leerse desde diversas perspectivas,  aparentemente contradictorias,  pero que confluyen conjuntamente hacia la  autenticidad  del Ser.

Podemos pensar en la libertad exterior la cual,  nos guste o no,  estará siempre condicionada por la convivencia en sociedad.   Suele regularse por leyes sociales y de educación, que procuran justicia y derechos para todos. 

Pero podemos pensar también en la libertad interior, esa que nadie puede acotar salvo la propia mente,  que puede convertirse en nuestro principal dictador.   Los pensamientos incontrolados nos esclavizan.  La libertad supondría distanciarse de ellos, junto a las emociones que suscitan,  para que una mente razonable, objetiva y serena fuera quien tomara las decisiones.  

La mente  se alimenta a veces del parecer y opiniones de los demás,  del monopolio de las ideologías o de la presión de modas o poderosos.   La verdadera libertad exonera de todo ello,  la conciencia vuela libre y decide,  entre toda posibilidad,  lo que más le conviene en cada momento. No debemos ceder a otros el poder sobre nosotros mismos.  Esta libertad  conecta con el Ser y es la que más felices nos puede hacer:  existe un espacio profundo en nosotros mismos contra el cual no puede atentar ninguna fuerza, dominación, imposición o circunstancia adversa  exterior.   Es nuestro reino personal, nuestra fortaleza blindada, llena de paz, luz y confianza,  verdadero refugio cuando exteriormente no vislumbramos la salida.  

Ser dueños de nosotros mismos, de nuestros estados anímicos,  es un privilegio que vale la pena  conseguir, porque cambia la vida y nos hace experimentar una libertad auténtica.  Esto significa tener la capacidad de elegir lo que sentimos en cada circunstancia de la vida.  De no dejarnos atrapar por  pensamientos que generan en nosotros  emociones  negativas (a veces no los podemos ahuyentar,  pero sí podemos elegir no hacerles caso).  Y por otro lado, la elección (decisión) consciente de cultivar y entrenar  pensamientos positivos y esperanzados que, sin dejar de ser realistas,  ayudan a vivir la vida de manera constructiva y gratificante.

La libertad debe asumir también la posibilidad de equivocarse.  La vida y las decisiones que se van  tomando  conllevan, habitualmente, un cierto riesgo del que hay que ser conscientes; hay que saber aceptar toda posible consecuencia y crecer a través de ello.  Es la valentía de ser libre,  con sus costes y beneficios.  Saber que podemos fallar,  pero volveremos a intentarlo.  

 La responsabilidad ha de ir, no obstante,  por delante de toda libertad, de manera razonable.  A menudo,  renunciamos a ciertas cosas que apetecen,  porque otras nos parecen, éticamente, más importantes. Sin embargo,  esta capacidad también necesita libertad,  la libertad de renunciar a nosotros mismos,  nuestras apetencias,  cuando no convienen a nosotros mismos o a otros.  

 De aquí que también se diga:  mi libertad acaba donde empiezan la libertad, derecho y dignidad de los demás. 




domingo, 28 de marzo de 2021

AMAR LA VIDA

 


Hay una varita mágica para muchos problemas y situaciones difíciles de la vida, que sanea nuestra existencia en este mundo.  Cura  emociones negativas y soluciona  ansiedades,  incertidumbres,  envidias,  depresiones y toda clase de tristeza:  ¡Ama la vida!

A veces lo tenemos todo y no sabemos valorarlo,  pendientes, siempre, de aquello que nos falta,   perdimos o dejamos escapar;  o bien,  de lo que no nos gusta, lo que querríamos cambiar y no podemos, o  lo que tiene el otro que no puedo tener yo.  Sabemos que la vida es,  para todo ser humano, una botella a medio llenar.   Hay quienes viven agradecidos por la mitad que tienen, procuran con libertad algo más que deseen,  y no se dejan abatir por lo que no llega.  Estas personas gozan de una sabiduría instintiva que les permite disfrutar de la vida en sus más pequeños detalles, aprovecharla al máximo.  Esto es vivir. 

A veces,  vivimos más en el "y si" que en el "aquí y ahora",  lo cual nos enajena de la realidad y puede hacernos sufrir mucho.  Ante las incertidumbres de la vida,  en lugar de elucubraciones estériles,  vivamos el ahora,  sin dar vueltas innecesarias al dolor del pasado o al miedo del futuro.  Confiar.

Por otra parte,  es verdad que hay rachas malas,  como las hay buenas,  pero  también sabemos que no hay  bien ni mal que 100 años dure.   Como cualquier "racha",  tiene fecha de caducidad  y las cosas irán cambiando.  De todas formas,  está demostrado que, conforme es nuestra actitud,  atraemos situaciones y circunstancias en línea consistente con ella.   Si miramos la vida y a los demás con el ceño fruncido, hostilidad,  recelo y  desconfianza,  esto mismo vamos a recibir de ellos,  lo cual confirmará nuestras "expectativas",  y en un fatídico círculo vicioso,  alimentará nuestras actitudes distantes y hostiles.  Si miramos la vida y a los demás con amor suficiente,  la vida y los demás nos dovolverán un amor multiplicado.  

Los recuerdos negativos  (o anodinos)  del día suelen acumularse,  robándonos nuestras mejores energías, con la mala costumbre a veces de dejar que se nos peguen,  "rumiarlos" sin cesar,  y no hacer lo mismo con los recuerdos positivos. 

Así, un ejercicio interesante,  al finalizar el día,  antes de dormir por ejemplo,  será revisar el día agradeciendo los pequeños momentos, detalles, circunstancias, que nos han gustado, que nos han hecho sentir bien, felices, y descartar los negativos.  
El profesor Héctor Galván afirma que nuestros pensamientos negativos son los primeros y más duros enemigos de nuestra propia felicidad.  

Nos convertimos en enemigos de nosotros mismos cuando experimentamos sentimientos de rechazo frente a lo que somos, pensamos o sentimos, saboteando nuestras mejores ocasiones de dicha para no dejar nunca de sentirnos víctimas.  

La vida será para ti maravillosa si a tu mejor amigo lo encuentras, más que afuera, dentro de ti,  en tu propio yo.   Hay quien encuentra en ello la mejor definición de Felicidad.    Estar en paz consigo mismo es una de las sensaciones más plenas y gratificantes que el ser humano puede experimentar.   Aceptarse y quererse es condición indispensable para aceptar y querer a los demás.  Si quieres ser feliz, sé tu mejor amigo.  
        
Concluimos  actitudes prácticas para amar la vida:  valorar y agradecer lo que tenemos; saber que las cosas pasan y la adversidad no llega para quedarse;   actitudes positivas, esperanzadas, manteniéndose receptivos para lo mejor;  recordar,  saborear,  disfrutar las cosas buenas de la vida,  dejando de lado las negativas;  saber aceptar,  perdonar a nosotros mismos y a los demás; vivir  el aquí y ahora,  sin dar vueltas al dolor o al miedo, confiar;  cultivar la amistad con nosotros mismos y ser tu mejor amigo. 







martes, 16 de febrero de 2021

DOLOR Y SUFRIMIENTO

 


   

Me llegó un día esta expresión:  "acoger" el sufrimiento,  no solo aceptar. Y me encantó.  La acogida es un gesto más cercano y positivo, más entrañable y profundo que la simple aceptación.   
Es también una realidad necesaria para la maduración de la vida humana,  y hay que saber entrenarla desde niños. Habría que inspirar una  confianza básica, global, en la vida, lo cual se aprende principalmente en los dos primeros años de infancia.  Ese pragmático "las cosas son como son, hay que tirar adelante,  crecer  y construir con ello",  también ayuda a muchos.     Enredarse obsesivamente en la pena,  en lo que pudo haber sido y no fue no conduce más que a la amarga parálisis del alma por  rumiación enfermiza de la propia desazón.  

 El saber procesar adecuadamente la adversidad,  las expectativas no cumplidas y su frustración,  así como toda suerte de dolor emocional que llega en la vida,  es aprendizaje necesario para afrontar la existencia en este mundo,  para crecer con lo que llega sin permitir que nos destruya,  para considerar todo acontecer como una escuela,  una oportunidad.   

Sin embargo,   la no evitación del sufrimiento inútil, que se puede y  debe ahorrar,  lo llamaríamos masoquismo;  todo sufrir "por adelantado", por rumiación excesiva, no conduce a nada ni soluciona nada.    Por eso,  muchos estudiosos del espíritu, y también los psicólogos, distinguimos dolor de sufrimiento:   

El dolor es inevitable en esta vida,  nada es fácil,  somos vulnerables, y el camino nos hiere y zarandea;  además,  forma parte del riesgo de vivir,  de nuestras elecciones,  de las pérdidas naturales que el ser humano va experimentando en su existencia; genera emociones lógicas como tristeza o rabia.    
El sufrimiento, sin embargo,  aparece  por resistencia psíquica a la sensación de malestar que el dolor produce; intervienen emociones y pensamientos que giran alrededor del hecho concreto que generó aquel dolor primero,  y lo alimentan continuamente en el recuerdo, la emoción negativa, el victimismo,  generando un sufrimiento crónico, desgastante e inútil, que acaba en depresión.    Sin darnos cuenta de que al resistir el dolor lo estamos perpetuando.    

El sufrimiento es por ello evitable y opcional,  controlable por la conciencia y la voluntad  cuando decidimos aceptarlo y acogerlo.   Pero se convierte para algunos en una imagen mantenida de cara a la vida y a los demás, lo cual supone arrastrar una pesada mochila durante demasiado tiempo,  paralizando el alma en su crecimiento, anchura y liberación.  
 Curiosamente, en nuestro mundo se acoge mejor el sufrimiento que el dolor,  el cual tiende a evitarse,  despreciando así la gran enseñanza que aporta sobre la vida.  

En cuanto se acepta el dolor, se acoge, procurando espacio y  tiempo para sentirlo y expresarlo,  poco a poco se va disolviendo y el sufrimiento desaparece. 

La capacidad de perdón y reconciliación con la vida, con uno mismo, con los demás   hacen el resto.  Junto a la pragmática sabiduría de ese dicho popular que afirma sin ambages:  "Lo que viene conviene"  (porque nos acercará a ese potencial humano, oculto,  que normalmente desconocemos) 






















sábado, 16 de enero de 2021

EMPEZAR DE NUEVO

 



Cada vez que se cierra un círculo  y se abre otro, para continuar la andadura,  nunca será igual,  porque  la vida se mueve en una espiral hacia lo alto  y el nuevo círculo que comienza se eleva sobre el anterior, sobre lo ya vivido, experienciado y aprendido.

De este modo,  cada año que pasa,  cada círculo que se cierra,  no está de más hacer balance,  valorar lo conseguido y construido,  anotar lo que aún nos falta  y querríamos lograr.   Establecer las nuevas metas y retos del año, decididos a escribir bonito en las páginas blancas de un nuevo cuaderno de vida.
                                                                                                                          
Para sacar buenas lecciones del ciclo anterior,  hay que revisar lo vivido y no dejar que los conflictos personales o relacionales cristalicen.  
En esto ayuda mucho el saber tanto perdonarse a sí mismo como perdonar a los demás.   Muy a menudo  las personas, incluso nosotros mismos y las cosas, no funcionan como desearíamos,  y la aceptación más elemental,  relajante y sencilla, se hace  aprendizaje, valiosa herramienta para la vida. 

Lo que podamos cambiar y arreglar,  porque no nos gusta, hay que  hacerlo antes o después,  pero cuando uno entiende que no es posible,  hay que aceptarlo como parte de la realidad. Y no frustrarse sino construir con ello.   La vida es una caja de sorpresas que,  tomadas como oportunidades,  forja personas admirables, consistentes, resilientes, luchadoras, que,  pase lo que pase,  no dejan de sentirse, en lo más hondo,  bien ancladas y profundamente felices.  

Hay que aprovechar las pasadas experiencias para conocerse mejor a sí mismo.  Esto es fundamental para la vida,  conocer las propias necesidades,  fortalezas y debilidades,  saber lo que se quiere y luchar por ello.  

De cara al nuevo ciclo,  en el primer mes del año ya iniciado  (en el que seguiremos superando, poco a poco, la pandemia) ayuda mucho anotar los nuevos objetivos, por ejemplo:  cuidar mejor nuestro cuerpo, mantener dieta saludable,  hacer más ejercicio;  aprender o perfeccionar una lengua,  conocer nuevas personas,  perder miedos,  liberarse de prejuicios,  trabajar un Interior personal pacificado, procurar ser más feliz.

Intenta buscar lo que más te gusta,  lo que te apasiona y te hace disfrutar profundamente,  para concederle el tiempo que le corresponde;  te hará más fuerte, motivado, confiado en ti y esperanzado.

Cuida tus actitudes,  hay que ser positivo sin dejar de ser realista.   No  pensar que siempre  va a salirnos todo bien sino estar en todo momento preparados para el fracaso  (mirándolo como oportunidades para crecer, reinventarse a veces;  además, si acontecen  por causa de errores propios,  de ellos siempre se aprende mucho).  Supera el rencor,  las personas son como son y todos nos equivocamos.  Si lo alimentas, solo amargarás y dañarás tu propio corazón,  impidiendo su crecimiento y expansión.  
Aprende a ser responsable y fiel a ti mismo, a tu conciencia más sincera y leal, para llevar coherentemente las riendas de tu propia vida.  Aunque tengas metas concretas, relativiza,  sé flexible, ya que  el pensamiento rígido y obcecado termina rompiéndonos; mucha paciencia con todo,  contigo mismo y con los demás.  Aprovecha lo aprendido y crecido anteriormente,  porque toda nueva construcción ha de apoyarse y anclar,  de manera consistente,  en lo ya adquirido, para afianzar la obra de la propia vida. 

Finalmente,  pesar de los retos, metas y objetivos propuestos,  no dejes de vivir el presente  (es lo único que realmente existe), sin que el pasado o el futuro te subyuguen en exceso y te resten paz y libertad.