domingo, 26 de febrero de 2023

¿ERES SENSIBLE?



Es bueno que lo seas. 

Importa superar los prejuicios con respecto a sentimientos y emociones que, siempre se ha dicho, debilitan a las personas y las hacen vulnerables,   marcando  el género masculino, culturalmente,  desde hace siglos.   Si se gestionan adecuadamente, no tienen por qué interferir decisiones racionales importantes.  Al contrario, el tener en cuenta los infinitos matices de la realidad, asumiendo también con la realidad del otro,  ayuda a elegir mejor lo que conviene. 

Si eres sensible no eres débil  sino fuerte,  e inteligente si capaz de procesar esta sensibilidad de manera constructiva, empática y enriquecedora.   Además, serás siempre un foco de bien social, favorecedor de  ambientes saludables, acogedores, cercanos, socializantes.   Si eres sensible, desarrollarás, casi sin darte cuenta, una importante inteligencia emocional,  que te ayudará a no fiarte siempre de las apariencias y leer la realidad de fondo que se mueve en ellas. 

La sensibilidad, en su riqueza perceptiva sensorial e intuitiva,  hace a las personas más felices, profundas y mejor conectadas con todo y todos.   Aporta una manera de entender, interpretar y actuar en la vida, que mejora la comprensión global de la existencia y fortalece ante la adversidad. 

La doctora Elaine Aron ha investigado durante años la Sensibilidad como rasgo de la personalidad, especialmente, las PAS (personas altamente sensibles) que se identifican abundantemente en nuestro tiempo, y de la cual condición es bueno ser conscientes para no sufrir más de la cuenta.

La comunicación sensible requiere franqueza y honestidad, enseña a mostrar sentimientos sin juicios añadidos.  Esto nos hace transparentes y fuertes al mismo tiempo, respetando el ser de los demás,  aunque nos disgusten muchas cosas de ellos. 
Se trata de expresar y comunicar emociones y sentimientos en lugar de  juicios amargos, críticas y descalificaciones.  Estas últimas destruyen ambientes de convivencia, mientras lo anterior, ayuda a conocernos unos a otros y empatizar;  construye, acerca y socializa.  

Desarrollar el cerebro emocional en un mundo y sociedades tan competitivas como las nuestras, nos hará más fuertes, acertados,  constructivos y felices.  



lunes, 30 de enero de 2023

VIDA EN Y MÁS ALLÁ DE LA RUTINA

 




Las rutinas cotidianas son benéficas en la vida,  aportan beneficios psicológicos y emocionales,  ahorrando un importante  remanente de energía en forma de recursos cognitivos y atencionales; mantienen la vida ordenada y orientada,  sosteniendo su dinamismo.  Aprovechan mejor el tiempo sin perderse en un caos de impulsos e intereses diversos que pueden apartarnos de objetivos prioritarios. 

Sin embargo,  a la larga, cuando las conductas se automatizan,  se puede caer en una inercia desmotivada, desinterés, apatía y falta de sentido. Es aquí cuando, estando alerta, hay que intervenir:   saber romper con la rutina de vez en cuando, de manera constructiva, aporta nueva vida a la vida y despierta la buena energía de las rutinas necesarias.  

Se puede comenzar variando alguna cosa,  por ejemplo, una ruta habitual, descubriendo un nuevo recorrido, interesante, para llegar al mismo destino.  Diversificando cosas sencillas,  evitamos la sensación de estancamiento y apreciaremos cualquier detalle distinto que nos inspira.  Se puede igualmente incorporar algo nuevo, constructivo, a nuestra vida,  un rato de lectura,  deporte, música conversación socializante,  unos minutos de paseo tras el trabajo o  estudio, un interés cultural, aprender un  idioma, planificar un pequeño viaje o excursión...     


Por otro lado, el revisar nuestras rutinas supone sacudir perezas y mostrarse siempre dispuestos a crecer, aprender y  mantenerse vivos,  no dejar que la uniformidad y regularidad de la existencia nos encierre en una amodorrante zona de confort, que como jaula dorada nos encandila y hace sentir que el mundo acaba ahí.  Declarándonos muertos en vida. 

Cuando la rutina cotidiana conlleva una importante carga de estrés, que nos desgasta y nos absorbe, también nuestra salud se verá afectada a medio largo plazo. 
Para ayudar aquí,  otras sencillas rutinas, bien integradas en la vida de cada día, aligeran la carga cotidiana.  
Por ejemplo,  aprender a relajarse,  a vivir el presente,  respirar.   Son inapreciables los beneficios de parar, siquiera un minuto,  varias veces al día, para tomar conciencia de la respiración, haciéndola profunda y consciente.   Inhalando con el aire que se aspira la buena energía que nos rodea (siempre está)  y exhalando  la negatividad,  preocupaciones, caos interior, agitación que nos estorba. 
Si hay naturaleza, mejor compenetrarse con ella.  

Cambiar el guión de la mente si nos dice cosas negativas:  revisar el discurso, relativizarlo y reeditarlo más realista y positivo.  Y una varita mágica:  Sonreír, saludar a las personas con una sonrisa, mantener  leve sonrisa en el rostro, diciéndose en todo momento confío, todo va bien.   
Asumir el dolor de la vida, que no se puede evitar, nos ayuda a ser más fuertes, crecer y abrir  nuevas perspectivas. 

                                                            








sábado, 7 de enero de 2023

EMPEZAR DE NUEVO

 



Empezar,  saber empezar cada día es un arte, un reto y una liberación.  Un Arte,  porque algo bello es siempre difícil cuando cuesta,  un reto, porque hace falta valor  para superar muchas cosas,  una liberación,  porque un saludable recomienzo cada día ayuda a cortar amarras de  pesados lastres que arrastramos y nos esclavizan, entrando en una dinámica nueva de solución y superación. Esto es libertad.  Añadiendo la inteligencia de saber aprender, sin culpa, del más pequeño error cotidiano, como  maestros que nos enseñan, nos hacen crecer y madurar.
"Debes estar dispuesto a ser un principiante cada una de tus mañanas" (Maestro Eckart). 

Los problemas en la vida parecen multiplicarse a veces, se acumulan y colapsan mutuamente, dejándonos sin recursos ni energías para resolverlos, nos abaten, nos aplastan.  
Un  maestro sabio decía que muchos problemas a la vez se solucionan:  uno- a- uno. Y aconseja dormirlos, recuperar energías y  buscar las mejores soluciones con mente más despierta.   A veces, sin demasiado esfuerzo, eludiendo una ansiedad inútil que nos bloquea, los asuntos se van desanudando por sí solos, despejando caminos nuevos de luz.      

Por otro lado,  la vida conlleva un desgaste.  El acabar ciclos y empezar de nuevo supone una fuente de motivación, de renovación de fuerzas, metas y proyectos, que dinamizan la vida, fortaleciéndola con nuevos aprendizajes y experiencias.    

El momento de empezar de nuevo a largo plazo es cuando lo anterior se acaba:  superando el miedo al terreno desconocido e incierto, hay que concederse el tiempo necesario;  luego,  determinación clara y avanzar con valentía.    

En la vida se corren riesgos que  hay que aprender a calibrar, pero son buenos para consolidarse como persona.  Se gane o  pierda con ellos, enseñan siempre y se avanza desde lo aprendido.  Es el secreto de seguir adelante.  

Y saber pasar página para que los fracasos y sinsabores de la vida no lastren el camino.  Aprovechar su poso de aprendizaje para hacer mejor las cosas  y no repetir errores en el futuro.  En espacios más amplios de tiempo, resulta igual un arte, un reto y una liberación el hacer borrón y cuenta nueva y  estrenar un  diario  en blanco.  

Desde la sabiduría milenaria de un filósofo de todos los tiempos: 

"Un viaje de mil millas comienza con un solo paso"   
"Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo le llama mariposa"
                                                                                                          Lao Tsé





 

sábado, 3 de diciembre de 2022

LO QUE NOS GUSTARÍA

 


Tantas veces nos gustarían las cosas de una manera y parece  la vida empeñada en no concederlo nunca.   Y no hablo de grandes ambiciones, sino de la prosa sencilla, especialmente relacional y cotidiana de esta vida, en ocasiones difícil, complicada o poco grata.  

Cuesta entender cómo si nosotros nos portamos razonablemente bien con las personas, por qué a veces nos ignoran;  somos responsables y ellos no,  amables, pero ellos tampoco... Se requiere  respuesta para algo y nunca llega,  confiar en alguien, pero no es posible. 
O bien, a nivel particular, quieres dar siempre lo mejor de ti mismo y  cuando menos esperas,  salta algún resorte oculto, imprevisto, que te ensombrece el corazón y enrarece un ambiente delicado que pretendías especialmente cuidar.  

Pequeños detallitos de la vida, sucesos o relaciones que dificultan las cosas y nos hacen acabar el día con el alma cansada y herida.  Sentimos la tentación del bloqueo interior, mental y emocional,  pasar y dar la espalda a todo.    

La vida es maestra y también testaruda.  En circunstancias adversas, suele querer enseñarnos algo, y repetirá situaciones similares una y otra vez hasta que aprendamos a superarlas... Al menos, con actitudes correctas. Un simple cambio de mirada nos hace relativizar muchas cosas y centrarnos en lo esencial, lo cual, a su vez y paradójicamente, suele ser clave para encontrar soluciones prácticas adecuadas en cada momento de dificultad. 

Cuando la negatividad  azota, oscurecemos la mente y corazón sin ver la cantidad de luz, bondad y bien que nos rodea.  En estas situaciones,  hay que reforzar, agradecidos, lo que sí tenemos y, haciendo lo posible por obtener lo que nos  falta,  relativizar lo que no esté a nuestro alcance.    

Cuando son personas las que duelen, quebrando nuestra confianza y nos descolocan, el ejercicio de respeto ante la libertad del otro puede ser heroico.  No sabemos lo que viven los demás,  sus preocupaciones y condicionamientos, qué les impulsa a obrar de manera no prevista, no podemos poner al otro siempre bajo el punto de mira  de nuestro control.  Agradecemos las personas previsibles, porque se hacen confiables, ofrecen paz y seguridad.  Pero hay que ofrecer espacios de aceptación y tolerancia para los que no son así,  permitir sus procesos personales, procurando que no nos hieran ni  afecten.  Y, una vez más, reconocer y agradecer lo bueno que que sí nos aportan, que a veces queda oscurecido por lo que parece nos falta de ellos.  En esos momentos, es todo lo que pueden dar,  hay que aceptarlo y agradecerlo así. 

Por parte nuestra, siguiendo la regla de oro de la convivencia humana,  hacer nosotros por los demás lo que nos gustaría nos hicieran... y en general,  paz-ciencia (con nosotros mismos y con todo). Seguir la vida, contando con aquello y aquellos con los que se puede contar, agradecer lo que siempre hay y está  y prescindir, comprensivamente, de lo que en ese momento está en otra versión de su realidad. 
 




martes, 25 de octubre de 2022

... Y DEL SENTIDO DE LA VIDA

 




Preguntarse por el sentido de la vida es algo que ocurre en un momento u otro de nuestro recorrido existencial.  Y es bueno hacerlo, porque nos ayuda, en primer lugar, a desprendernos del ritmo,  movida y automatismos de la cotidianidad.  Y nos hace también mirar, buscar más allá de nosotros mismos, en más de una ocasión, levantar la cabeza y mirar al cielo.  

Cada cual necesita encontrar su propio sentido personal de vida, normalmente compuesto de muchas pequeñas metas o aspiraciones,  dirigidas todas ellas,  con consciencia o sin ella,  a una realización personal plena, que desembocará siempre en la consolidación del Ser  (sustancia de ese Yo profundo,  sereno y sabio, que  acompaña nuestras pruebas de crecimiento y maduración).  Paz y Felicidad supremas. 

Pero para llegar a este sentido último,  que algunos alcanzan directamente y no pierden ya,  hacen falta muchas pequeñas metas previas, que vayan motivando el día al día de las personas.   Pueden haber retos personales que uno quiera conseguir o superar, logros que estimulan nuestra vida, porque interesan sus beneficios.  Pero se ha demostrado que la mayor fuerza e intensidad de motivación humana tiene que ver con el amor,  el deseo de  ayudar al otro y colaborar en su bienestar.  

Víctor Frankl , neurólogo, psiquiatra y filósofo vienés del pasado siglo, fue un abanderado del Sentido de la Vida.  Aprendió dolorosamente a mantenerlo vivo en situaciones extremas de  cautiverio, en terribles campos de concentración y exterminio nazis, tras haber perdido en ellos a toda su familia.  Solo él sobrevivió. 
  Se prometió a sí mismo que, si salvaba la vida,  ayudaría a las personas a encontrar su sentido existencial  como camino de sanación,  y fundó la tercera escuela vienesa de psicoterapia o Logoterapia.     
Supo encontrar, en su reclusión, dos fuentes de sentido:  la contemplación de las cosas pequeñas,  detalles gratificantes, en medio de tanta maldad, destellos de belleza en un rayo de sol, por ejemplo.   Y luego,  cómo sostener el ánimoo de sus compañeros, con pequeños gestos de ayuda, afecto, atención y bienestar.    

Frankl entendía la felicidad como consecuencia de una motivación,  no se puede  conquistar de frente, porque engañará y entrampará  con el placer y el poder,  alejándola definitivamente.   Para él, el ser humano está llamado a la libertad, a la responsabilidad y a su realización,  por eso el sentido es una cuestión individual y personal, no se puede transferir a otro,  cada cual tiene que encontrarlo (aunque el propio sentido siempre puede inspirar a o inspirarse en los demás).  Para Frankl, la vida no se resuelve por las preguntas que ella misma plantea  sino por las respuestas que le damos;  no se define por lo que esperamos de nuestra existencia  sino por lo que nosotros sabemos darle.  

  La felicidad está en el camino, en el día a día, y al final de algún esforzado logro  (por uno mismo o por los demás)  suele ser la paz serena y gratificante de haber conseguido lo que se buscaba.

Y cuando no parezca haber metas a nuestro alcance que nos interesen,  siempre estará la actitud contemplativa ante la vida,  ese saber mirar las cosas, la realidad despacio, con atención,  agradeciendo:  porque las cosas nos ayudan en la vida,  las personas están ahí para mostrarnos otra manera de entenderla, otra sensibilidad, otros valores, las situaciones son retos a superar y fortalecerse... De todo y todos se aprende algo.

La vida es maestra, y solo ese vivir el presente, de manera consciente, saboreando gota a gota la vida;  disfrutando, agradecidos, la elementalidad de poder movernos, respirar,  hablar reír, ver, escuchar...  hacer de la  gratitud sincera  una actitud frecuente y presente en nuestro día a día es la mejor manera de engrandecer el Sentido de la vida hasta el infinito.  

                                                                





sábado, 3 de septiembre de 2022

ACERCA DE LA DESESPERANZA

 


Si se agota la esperanza, parece que todo se acaba.   Porque la esperanza mira hacia delante,  confiando del futuro algo mejor que no se tiene ahora y se desea.
Pero  muchas personas se sienten incapaces de sostener confiadamente la espera en esta vida,  porque, objetivamente, el futuro es siempre incierto y nunca ofrece garantías al 100x100 de lo que vendrá.  

Como dicen los sabios maestros orientales,  el pasado no existe, porque ya se fue, y el futuro no lo podemos predecir con certeza, porque tampoco existe ahora mismo, con lo cual, solo nos queda el Presente:
“Solo existen dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir” ( Dalai Lama).

Y esta es la tarea suprema del Mindfulness  (atención plena), que se define como prestar atención de manera intencional al momento presente sin juzgar, con curiosidad e interés, en completa aceptación.  Es una técnica vinculada al budismo, que lleva años integrándose en Occidente, a nivel terapéutico, como tratamiento demostradamente eficaz contra los estragos físicos y psicológicos que causa el estrés en la vida.   

Se trata de  hacerse presente al presente, vivir conscientes, saborear a fondo el más pequeño estímulo que nos rodea, agradeciendo el momento, agradeciendo la sensación, agradeciendo la vida.  

Darse cuenta, sencillamente,  de que estamos vivos. Liberarse de trampas mentales que nos hacen desconectar de nosotros mismos y  sufrir con cosas que no podemos cambiar,  porque ya ocurrieron o porque no sabemos si o cómo llegarán. 

 Atentos a lo que nuestros sentidos informan,  Sentir la respiración, el aire que nos llena y vigoriza y el que exhalamos, soltando  toxinas que nos enturbian.  Sentir la calidez o frescura del ambiente, el contacto de la ropa con la piel, la postura de los brazos, piernas... Concienciar con gratitud  el milagro de ver o la maravilla de captar sonidos; valorar la increíble sensibilidad humana que capta nuestro entorno, el estremecimiento gozoso de sentir la vida en nosotros.   Y agradecer el regalo, no lo demos por hecho, porque muchas personas no pueden disfrutar de una integridad física, con sus capacidades al completo, como la mayoría de nosotros.  

Ese estar atentos (sin juicios) al momento que vivimos, dejándolo ser y fluir,  nos libera.  Nos hace vivir en la verdad de nuestro centro,  no a merced de los vaivenes de la vida que tanto nos condicionan: nos roban estabilidad y  paz.  Cada vez que tomamos contacto con el presente, desde nuestro yo, en ese mismo momento, salimos de una dimensión  que nos agobia y descubrimos la verdad más profunda del tiempo:  eternidad.   Recuperamos el equilibrio interior y  aprendemos discernimiento y compasión. 

La práctica perseverante de la Atención plena representa el mejor antídoto contra la desesperanza, justamente porque no espera nada,  porque se apoya en lo que hay, un presente sin juicios, pero agradecido, una confianza que ofrece la mejor garantía de futuro que existe:  un presente, sin juicios, siempre agradecido.


 


 

sábado, 23 de julio de 2022

LUCHANDO POR LOS SUEÑOS

 



Es bueno, positivo y constructivo tener "ideales" propios,  es decir,  aspiraciones, deseo de logros personales y de acciones concretas en la vida, que potenciarán el sentirse mejor consigo mismo y, al mismo tiempo, beneficiar al mundo, intentar dejarlo, aun en detalles mínimos,  mejor que cuando  llegamos.  

Estos son los sueños, deseos de desarrollar o embellecer algo en nuestra vida y en lo que nos rodea,  siendo nosotros parte activa en ello.  Los anhelos profundos generan un dinamismo incombustible en la existencia de las personas, que da fuerza para luchar, crecer y ofrecer siempre lo mejor de sí.  Las personas con sueños, metas e ideales, se mantienen siempre vivas, positivas y emprendedoras, son a menudo inspiración para los demás.   

Por eso es importante mantener los sueños y luchar por ellos. Alcancemos o no el máximo deseado, abordaremos importantes tareas de superación y al final, por poco que sea, algo bueno habremos construido. La extraordinaria motivación que generan  es un motor para la vida.  Aquel que no los tiene y se deja simplemente llevar por ella,  sin entusiasmo ni alegría,  será mucho más susceptible al zarandeo de los vaivenes de la existencia, sin esa fuerza e ilusión, que tanto ayudan a vencer las dificultades y adversidades de la vida. 
 
Por otro lado, está demostrado que la satisfacción que proporcionan  los sueños está más en el camino para lograrlos que en las metas conseguidas; la pasión de la lucha aleja pensamientos negativos y la vida se llena de fe, impulso,  energía y esperanza.     

Los niños sueñan sin límites.  Los adultos sueñan más conscientes de los límites, pues se trata de alcanzar objetivos coherentes y realistas,  pero no hay edad para soñar,  todo tiempo es bueno, positivo y enriquecedor.  Los sueños generan fortaleza para luchar siempre en la dirección de lo que tan profundamente se desea.  

Para no perderlos de vista  y mantenerlos siempre activos, vigorosos y estimulantes,  sin tirar la toalla en el primer tropiezo,  hay que saber esforzarse en el día a día, perseverando sin rendirse; quererse y cuidarse a sí mismo,  llevando una vida saludable (la mejor señal del autocuidado) y la fuerza de voluntad para comprometerse con ello;  tener principios de vida, convicciones que acompañen  actitudes y conductas, manteniendo una positividad realista, es decir,  una resiliencia tranquila y confiada, que supera obstáculos sin renunciar a lo que profundamente se desea.  

De esta manera, disfrutaremos tanto de los logros como del camino para obtenerlos,  aprenderemos que la vida puede ser plena en cualquier punto de su recorrido.  

Por otro lado, el haber colaborado en el embellecimiento y mejora de nuestro mundo, ni que sea en
el más pequeño y oculto detalle, será también una profunda fuente de satisfacción, que va construyendo personas y sociedades fuertes y valiosas a lo largo de la existencia.