domingo, 11 de junio de 2023

GRATITUD

Para Cicerón, "la gratitud no es solo la más grande de las virtudes sino la madre de todas las demás", y para los evolucionistas, ha sido una habilidad primordial, que ha supuesto ventaja evolutiva  para sobrevivir como especie, generando vínculos sociales constructivos.  

El psicólogo Robert Emmons  define la gratitud  como la afirmación de los dones de la propia vida y el reconocimiento de que esos dones vienen de fuera de nosotros.   
Y  ha trabajado sobre estudios científicos acreditados para demostrar sus asombrosos  efectos sobre la salud: presión arterial,  función inmunológica, sueño, depresión, ansiedad, hipercolesterolemia y salud cardiovascular... resultando una excelente medicina.

Por sus amplios  beneficios,  hay que  insistir en su trabajo y ejercitación porque, efectivamente, la gratitud se puede entrenar y desarrollar en la vida,  hasta internalizarla y automatizarla como actitud cotidiana permanente.  Es una manera de madurar nerurobiológicamente el cerebro y contribuir de esta manera a una plenitud gratificante de realización personal. 

Emmons   enfatiza que la gratitud no ha de ser solo
reactiva (sentirse bien, feliz y agradecido cuando sucede algo bueno), sino proactiva,  por eso anima también a recordar momentos malos, difíciles y oscuros de la vida,  constatando cómo al final pudimos salir de ellos,  llegando adonde estamos ahora,  y dejándonos alguna importante lección de aprendizaje. 
  
Para una verdadera capacidad de agradecimiento no importan las circunstancias:  es la gratitud incondicional,  la gratitud indestructible.  Una gratitud enraizada de manera existencial  no ignora las condiciones duras de la vida sino que   "prende una luz en la oscuridad"  y se hace maestra de resiliencia.        

Vale la pena tomárselo en serio y, apetezca o no apetezca,  trabajar la gratitud cada día: un listado de cosas buenas cotidianas al final de la jornada; cartas escritas agradeciendo a alguien, cercano o lejano, aquello que nos gusta y nos inspira;  un listado de posibilidades negativas que hubieran podido darse cada día  y fue todo positivo.    

El sentimiento de limitación y vulnerabilidad nos hace realistas y humildes;  desde aquí, puede abrirnos a la grandeza del don inmenso que sostiene la vida, de infinitas maneras,  más allá de nuestras fuerzas,  generando profundas sensaciones de confort y confianza, incluso en las situaciones más difíciles y oscuras de la existencia. 














martes, 2 de mayo de 2023

RECONCILIARSE

 

Es palabra mágica, clave en la vida...  cuando es verdad que se hace vida.  Reconciliación es reencuentro, reparación, reconstrucción, restauración...  Tanto a nivel personal como colectivo como interpersonal.  
Es esa realidad necesaria para que tanto personas como los distintos grupos humanos  puedan crecer y madurar sin fracturas dolorosas limitantes e incapacitantes.  Reconciliarse consigo mismo, con el otro, con la vida, con aquello que nos cuesta,  saca arrestos fundamentales y desconocidos del propio ser que sanan la vida. 

Reconciliarse consigo mismo es el comienzo de todo,  tras un encuentro profundo con el pequeño yo, siempre herido,  comienza la sanación.   Mucha negatividad, juicios, críticas, que vertemos sobre los demás suelen provenir más de una llaga sangrante personal que ignoramos, que con la realidad del otro. 

Reconciliarse con nosotros mismos construye personas que pueden asentarse en este mundo con consistencia y seguridad, marcando esa senda  irrepetible que cada cual pisa,  marcando el destino propio y ayudando positiva y constructivamente el destino de otros entrelazados.   Decía Mark Twain que ningún hombre puede sentirse cómodo sin la propia aprobación.  

Hay que aprender a hacerlo, porque a veces no es fácil,  a veces somos nuestro peor enemigo,  nuestra propia víctima, más exigente, duro y cruel que nadie que nos rodea (desde un superyo forjado a menudo en la primera infancia, por la exigencia y expectativa de progenitores cuya inmadurez salpica, se proyecta y  prolonga en los vástagos).  Por eso, antes que nada, hay que aprender a ser comprensivos consigo mismos, a mirarse con cariño,  abrazar nuestro niño interior, inseguro y frágil, como diría Nhat Hanh.
Si somos capaces de hacerlo con nosotros, sabremos también hacerlo con los demás,  será más fácil comprenderlos, aceptarlos, construir y crecer juntos. 

Hemos de ser conscientes de cómo nos hablamos, porque a veces no lo hacemos bien, con el suficiente cariño, cercanía y  calidez, lo cual, además de no ser justo, no nos ayuda en la vida,  y si no nos ayudamos a nosotros mismos, seremos incapaces de ayudar a los demás. 

Aprender a ser el mejor amigo de nosotros mismos  es reto y tarea,  la íntima confianza, la propia fidelidad y fiabilidad  puede cambiarnos la vida. Nos apoyaremos en nuestro yo más confiable sin engaños y nos sentiremos bien acompañados en el camino. 
 
Decía Ortega y Gasset:  Camina lento... no te apresures, que al único lugar al que tienes que llegar es a ti mismo. 















martes, 28 de marzo de 2023

LIBRES PARA ELEGIR

 



En el gran debate de la vida que supone la libertad humana,  podemos alegar  que no siempre vivimos lo que queremos, que las circunstancias de la vida van llegando sin nuestro permiso  y que nuestro debilitado y limitado  poder de reacción no nos permite a menudo actuar como quisiéramos.  

Pensamos así que las circunstancias van a condicionar siempre nuestro talante, nuestro humor, nuestra motivación...  Y si la adversidad llama demasiadas veces a nuestra puerta,  el determinismo de la tristeza, inseguridad  e indefensIón  nos esclavizarán a sus emociones más negativas. 

Es decir, pensamos a veces que es imposible el mínimo ejercicio de la libertad,  cuando en el fondo sí podemos y lo somos más que nunca.  Por otro lado,  creemos ser libres, cuando en realidad no lo somos, sutilmente condicionados y esclavizados por  factores  que nos manejan subliminalmente sin que lleguemos a sospecharlo en absoluto.  

Veamos lo que sí podemos controlar: una mañana, antes de levantarnos  un día torpe y gris, poblado de obstáculos  e ingratas contradicciones;   aquí, podemos elegir con libertad clarísima:  dejarnos abatir o bien plantar cara a la vida y vestirnos de sonrisa.   Nada ni nadie nos lo va a impedir, es un puro acto de libertad que puede cambiarnos el día y también la trayectoria vital, orientándola en  dirección más venturosa.   Y mantenemos la intención de sonreír,  de confiar,  aunque extrañe a algunos y no se entienda.  Seguimos adelante. 

Ante una ofensa,  faena o traición dolorosa que alguien nos hace,  pasado el primer momento de dolor e indignación, una vez más, conscientemente, podemos elegir:  dar vueltas al tema,  amasando la amargura, el rencor, con secretos deseos de venganza;  o bien,  pasar del tema,  acoger la realidad sin dejar que nos dañe,  pensar que el otro pasa un tiempo malo,  tiene problemas, se agobia,  y en un momento dado, vuelca todo el miedo, la rabia y el dolor de su propia herida, sobre el primero que encuentra.   Tampoco hemos de cerrarnos a lo que nos puede aportar y enseñar el que nos hiere, nos guste o no, pero una vez  analizada la situación, no hay que  dejarse contaminar por su problema, no es nuestro  y es él quien lo debe resolver.  
Extraer lecciones constructiva y seguir la vida.   Esta es nuestra libertad, lo contrario, esclavitud. 

Concluyendo,  no somos libres para elegir las circunstancias de la vida y situaciones que nos llegan en ella, pero sí somos libres de elegir las actitudes, esta es nuestra libertad.   Etty Hillesum eligió la deportación nazi  para poder ser bálsamo para  las heridas de los que sufren... y murió finalmente asesinada en el campo de concentración de Auschwitz.

Pero en su voluntad de bien a otros, aun en circunstancias abominables, fue capaz de decir:  "me doy cuenta de que dondequiera haya seres humanos hay vida" "la vida es bella y llena de sentido".

Esto es  libertad en su máxima expresión.








domingo, 26 de febrero de 2023

¿ERES SENSIBLE?



Es bueno que lo seas. 

Importa superar los prejuicios con respecto a sentimientos y emociones que, siempre se ha dicho, debilitan a las personas y las hacen vulnerables,   marcando  el género masculino, culturalmente,  desde hace siglos.   Si se gestionan adecuadamente, no tienen por qué interferir decisiones racionales importantes.  Al contrario, el tener en cuenta los infinitos matices de la realidad, asumiendo también con la realidad del otro,  ayuda a elegir mejor lo que conviene. 

Si eres sensible no eres débil  sino fuerte,  e inteligente si capaz de procesar esta sensibilidad de manera constructiva, empática y enriquecedora.   Además, serás siempre un foco de bien social, favorecedor de  ambientes saludables, acogedores, cercanos, socializantes.   Si eres sensible, desarrollarás, casi sin darte cuenta, una importante inteligencia emocional,  que te ayudará a no fiarte siempre de las apariencias y leer la realidad de fondo que se mueve en ellas. 

La sensibilidad, en su riqueza perceptiva sensorial e intuitiva,  hace a las personas más felices, profundas y mejor conectadas con todo y todos.   Aporta una manera de entender, interpretar y actuar en la vida, que mejora la comprensión global de la existencia y fortalece ante la adversidad. 

La doctora Elaine Aron ha investigado durante años la Sensibilidad como rasgo de la personalidad, especialmente, las PAS (personas altamente sensibles) que se identifican abundantemente en nuestro tiempo, y de la cual condición es bueno ser conscientes para no sufrir más de la cuenta.

La comunicación sensible requiere franqueza y honestidad, enseña a mostrar sentimientos sin juicios añadidos.  Esto nos hace transparentes y fuertes al mismo tiempo, respetando el ser de los demás,  aunque nos disgusten muchas cosas de ellos. 
Se trata de expresar y comunicar emociones y sentimientos en lugar de  juicios amargos, críticas y descalificaciones.  Estas últimas destruyen ambientes de convivencia, mientras lo anterior, ayuda a conocernos unos a otros y empatizar;  construye, acerca y socializa.  

Desarrollar el cerebro emocional en un mundo y sociedades tan competitivas como las nuestras, nos hará más fuertes, acertados,  constructivos y felices.  



lunes, 30 de enero de 2023

VIDA EN Y MÁS ALLÁ DE LA RUTINA

 




Las rutinas cotidianas son benéficas en la vida,  aportan beneficios psicológicos y emocionales,  ahorrando un importante  remanente de energía en forma de recursos cognitivos y atencionales; mantienen la vida ordenada y orientada,  sosteniendo su dinamismo.  Aprovechan mejor el tiempo sin perderse en un caos de impulsos e intereses diversos que pueden apartarnos de objetivos prioritarios. 

Sin embargo,  a la larga, cuando las conductas se automatizan,  se puede caer en una inercia desmotivada, desinterés, apatía y falta de sentido. Es aquí cuando, estando alerta, hay que intervenir:   saber romper con la rutina de vez en cuando, de manera constructiva, aporta nueva vida a la vida y despierta la buena energía de las rutinas necesarias.  

Se puede comenzar variando alguna cosa,  por ejemplo, una ruta habitual, descubriendo un nuevo recorrido, interesante, para llegar al mismo destino.  Diversificando cosas sencillas,  evitamos la sensación de estancamiento y apreciaremos cualquier detalle distinto que nos inspira.  Se puede igualmente incorporar algo nuevo, constructivo, a nuestra vida,  un rato de lectura,  deporte, música conversación socializante,  unos minutos de paseo tras el trabajo o  estudio, un interés cultural, aprender un  idioma, planificar un pequeño viaje o excursión...     


Por otro lado, el revisar nuestras rutinas supone sacudir perezas y mostrarse siempre dispuestos a crecer, aprender y  mantenerse vivos,  no dejar que la uniformidad y regularidad de la existencia nos encierre en una amodorrante zona de confort, que como jaula dorada nos encandila y hace sentir que el mundo acaba ahí.  Declarándonos muertos en vida. 

Cuando la rutina cotidiana conlleva una importante carga de estrés, que nos desgasta y nos absorbe, también nuestra salud se verá afectada a medio largo plazo. 
Para ayudar aquí,  otras sencillas rutinas, bien integradas en la vida de cada día, aligeran la carga cotidiana.  
Por ejemplo,  aprender a relajarse,  a vivir el presente,  respirar.   Son inapreciables los beneficios de parar, siquiera un minuto,  varias veces al día, para tomar conciencia de la respiración, haciéndola profunda y consciente.   Inhalando con el aire que se aspira la buena energía que nos rodea (siempre está)  y exhalando  la negatividad,  preocupaciones, caos interior, agitación que nos estorba. 
Si hay naturaleza, mejor compenetrarse con ella.  

Cambiar el guión de la mente si nos dice cosas negativas:  revisar el discurso, relativizarlo y reeditarlo más realista y positivo.  Y una varita mágica:  Sonreír, saludar a las personas con una sonrisa, mantener  leve sonrisa en el rostro, diciéndose en todo momento confío, todo va bien.   
Asumir el dolor de la vida, que no se puede evitar, nos ayuda a ser más fuertes, crecer y abrir  nuevas perspectivas. 

                                                            








sábado, 7 de enero de 2023

EMPEZAR DE NUEVO

 



Empezar,  saber empezar cada día es un arte, un reto y una liberación.  Un Arte,  porque algo bello es siempre difícil cuando cuesta,  un reto, porque hace falta valor  para superar muchas cosas,  una liberación,  porque un saludable recomienzo cada día ayuda a cortar amarras de  pesados lastres que arrastramos y nos esclavizan, entrando en una dinámica nueva de solución y superación. Esto es libertad.  Añadiendo la inteligencia de saber aprender, sin culpa, del más pequeño error cotidiano, como  maestros que nos enseñan, nos hacen crecer y madurar.
"Debes estar dispuesto a ser un principiante cada una de tus mañanas" (Maestro Eckart). 

Los problemas en la vida parecen multiplicarse a veces, se acumulan y colapsan mutuamente, dejándonos sin recursos ni energías para resolverlos, nos abaten, nos aplastan.  
Un  maestro sabio decía que muchos problemas a la vez se solucionan:  uno- a- uno. Y aconseja dormirlos, recuperar energías y  buscar las mejores soluciones con mente más despierta.   A veces, sin demasiado esfuerzo, eludiendo una ansiedad inútil que nos bloquea, los asuntos se van desanudando por sí solos, despejando caminos nuevos de luz.      

Por otro lado,  la vida conlleva un desgaste.  El acabar ciclos y empezar de nuevo supone una fuente de motivación, de renovación de fuerzas, metas y proyectos, que dinamizan la vida, fortaleciéndola con nuevos aprendizajes y experiencias.    

El momento de empezar de nuevo a largo plazo es cuando lo anterior se acaba:  superando el miedo al terreno desconocido e incierto, hay que concederse el tiempo necesario;  luego,  determinación clara y avanzar con valentía.    

En la vida se corren riesgos que  hay que aprender a calibrar, pero son buenos para consolidarse como persona.  Se gane o  pierda con ellos, enseñan siempre y se avanza desde lo aprendido.  Es el secreto de seguir adelante.  

Y saber pasar página para que los fracasos y sinsabores de la vida no lastren el camino.  Aprovechar su poso de aprendizaje para hacer mejor las cosas  y no repetir errores en el futuro.  En espacios más amplios de tiempo, resulta igual un arte, un reto y una liberación el hacer borrón y cuenta nueva y  estrenar un  diario  en blanco.  

Desde la sabiduría milenaria de un filósofo de todos los tiempos: 

"Un viaje de mil millas comienza con un solo paso"   
"Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo le llama mariposa"
                                                                                                          Lao Tsé





 

sábado, 3 de diciembre de 2022

LO QUE NOS GUSTARÍA

 


Tantas veces nos gustarían las cosas de una manera y parece  la vida empeñada en no concederlo nunca.   Y no hablo de grandes ambiciones, sino de la prosa sencilla, especialmente relacional y cotidiana de esta vida, en ocasiones difícil, complicada o poco grata.  

Cuesta entender cómo si nosotros nos portamos razonablemente bien con las personas, por qué a veces nos ignoran;  somos responsables y ellos no,  amables, pero ellos tampoco... Se requiere  respuesta para algo y nunca llega,  confiar en alguien, pero no es posible. 
O bien, a nivel particular, quieres dar siempre lo mejor de ti mismo y  cuando menos esperas,  salta algún resorte oculto, imprevisto, que te ensombrece el corazón y enrarece un ambiente delicado que pretendías especialmente cuidar.  

Pequeños detallitos de la vida, sucesos o relaciones que dificultan las cosas y nos hacen acabar el día con el alma cansada y herida.  Sentimos la tentación del bloqueo interior, mental y emocional,  pasar y dar la espalda a todo.    

La vida es maestra y también testaruda.  En circunstancias adversas, suele querer enseñarnos algo, y repetirá situaciones similares una y otra vez hasta que aprendamos a superarlas... Al menos, con actitudes correctas. Un simple cambio de mirada nos hace relativizar muchas cosas y centrarnos en lo esencial, lo cual, a su vez y paradójicamente, suele ser clave para encontrar soluciones prácticas adecuadas en cada momento de dificultad. 

Cuando la negatividad  azota, oscurecemos la mente y corazón sin ver la cantidad de luz, bondad y bien que nos rodea.  En estas situaciones,  hay que reforzar, agradecidos, lo que sí tenemos y, haciendo lo posible por obtener lo que nos  falta,  relativizar lo que no esté a nuestro alcance.    

Cuando son personas las que duelen, quebrando nuestra confianza y nos descolocan, el ejercicio de respeto ante la libertad del otro puede ser heroico.  No sabemos lo que viven los demás,  sus preocupaciones y condicionamientos, qué les impulsa a obrar de manera no prevista, no podemos poner al otro siempre bajo el punto de mira  de nuestro control.  Agradecemos las personas previsibles, porque se hacen confiables, ofrecen paz y seguridad.  Pero hay que ofrecer espacios de aceptación y tolerancia para los que no son así,  permitir sus procesos personales, procurando que no nos hieran ni  afecten.  Y, una vez más, reconocer y agradecer lo bueno que que sí nos aportan, que a veces queda oscurecido por lo que parece nos falta de ellos.  En esos momentos, es todo lo que pueden dar,  hay que aceptarlo y agradecerlo así. 

Por parte nuestra, siguiendo la regla de oro de la convivencia humana,  hacer nosotros por los demás lo que nos gustaría nos hicieran... y en general,  paz-ciencia (con nosotros mismos y con todo). Seguir la vida, contando con aquello y aquellos con los que se puede contar, agradecer lo que siempre hay y está  y prescindir, comprensivamente, de lo que en ese momento está en otra versión de su realidad.